OURO PRETO, SUS MINAS Y SU MISTICISMO

 

Lejos de las idílicas playas brasileñas, Ouro Preto se extiende por un laberinto de empinadas y estrechas callejuelas cubiertas de piedras irregulares.

 

La antigua Villa Rica, fue el centro de la fiebre de oro y cuenta parte importante de la historia brasileña. Cuna de acontecimientos monumentales, donde nació la minería y se retiraron de las entrañas de sus montañas incalculable cantidad de oro y piedras preciosas, llevadas a Portugal y otros países. La ciudad presenta más de 4000 minas, hoy preservadas evitando su explotación. Miles de esclavos, traídos de África, eran responsables en el trabajo de las minas, viviendo poco a causa del esfuerzo físico y las condiciones precarias.

 

 

 

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“Ouro Preto fue escenario de la gran revuelta que exigía la independencia de Brasil. El Museo de los Inconfidentes (aquel edificio con un reloj) conserva esa historia. En la plaza central, un monumento al principal personaje: José da Silva Xavier, el “Tiradentes”.

 

Fuimos a conocer la Mina Jejé, con una extensión de 160 metro de largo para la visita, y nuestro guía Valdir, “preto o pretinho” como le gusta que lo llamen, nos cuenta el relato tradicional, dirigido principalmente al turista, donde nos relata el trabajo minero y forzado de los esclavos, quienes eran considerados las “cabezas”, los ingenieros de ese minucioso trabajo. Luego logramos desviar la conversa y enfocarla en su mirada, su punto de vista y cómo viven ellos, los nativos, esta situación.

 

Nos cuenta que el sufrimiento de aquellos esclavos quedó impregnado en la ciudad, por eso es posible sentir algo sobrenatural al andar por las calles. Nos cuenta la historia de Chico Xavier, médium y divulgador del espiritismo muy renombrado y conocido en Brasil, quien no consiguió entrar a la ciudad por las energías oscuras y el sufrimiento que todavía se pueden sentir y percibir. Nativos de Ouro Preto,  quienes conviven con todas esas energías, quienes viven a la salida de una mina con un pasado cargado de historia, de sangre y dolor, quienes sienten, ven y hasta escuchan; nos comentan que no olvidan lo que sucedió hace siglos atrás, pero que para ellos es algo cotidiano y que aprendieron a convivir con esa cuestión esotérica, aunque intentan esquivar esta charla con turistas, para evitar que éstos queden asustados y quieran dejar la ciudad en ese mismo instante.

 

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Minas Jejé, nuestra leve sonrisa muestra el respeto hacia una historia marcada de dolor”

También nuestro guía nos relata el rol del catolisismo y sus leyendas, aquel componente religioso que legitimaba esa esclavitud. Una de estas historias: un esclavo llevaba un santo repleto de oro en su interior de las minas hasta el puerto (sin saberlo), donde dicho oro era cargado a los barcos y llevado a Portugal. Él preguntó: padre, porqué es tan pesado? A lo que el padre respondió: porque está llevando sus pecados, por ello debe hacerlo, para limpiar y volver más leve. Aquella fe incalculable del esclavo, quien veía su salvación a través de la limpieza de sus pecados, facilitaba el saqueo del oro detrás de una cruz. El nombre de Dios, usado una vez más en justificaciones absurdas, incoherentes donde estaba presente la violencia, el terror, el crimen y el sometimiento como estandarte.

 

Actualmente Ouro Preto, ciudad universitaria con una agitación y movimiento propio de jóvenes, contando con un sin número de Repúblicas, casa das hermandades, donde siempre habrá un lugar para el recibimiento.

 

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“Infraestructura irregular y enmarañada de una ciudad pintoresca”

 

Cerca de la ciudad, se encuentra el Parque Estadual Itacolomi. Realizamos el asenso al Pico do Itacolomi, con 1.772 metros de altura, siendo un punto de referencia para todo viajante de la “Estrada Real” que pasaban en busca de oro de Minas Gerais. Allí, conseguimos observar y contemplar aquel punto de referencia: el avistamiento de una piedra gigantesca. Muy recomendado, una caminata de una hora y media, tranquila y con un paisaje increíble!

 

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“Parque Estadual Itacolomi”

Los rastros de la historia brasileña están inscritos en el corazón de sus casas, en las calles, en las iglesias y templos y en los morros como testigos de una ciudad única, viva, especial, donde todos los días son HISTÓRICOS…

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