VIVIENDO INTENSAMENTE EN “ILHA BOIPEVA”

Si me preguntaban de chiquita cuál era uno de mis sueños, además de dar la vuelta al mundo, respondía vivir en el mar. Películas que terminaban con un final feliz en la playa, libros y novelas en contextos caribeños con sus climas cálidos y personas sonrientes, producían en mí una sensación de felicidad y deseos. Yo sabía que algún día llegaría aquello que anhelaba. No sabía cómo ni cuándo. Desde hace casi 4 meses aquel deseo me alcanzó y casi todas las mañanas me sorprende un amanecer, una luna llena, una noche estrellada, una brisa cálida desde playas de las mas diversas. Con sus océanos mas verdes o más azules, con dunas inmensas, con arenas blancas y finas, playas más vírgenes o donde el ser humano ya se hizo presente y arrasó. Brasil tiene una verdadera colección de playas naturales y paradisíacas, pero en este caso haré referencia de Ilha Boipeva. Seguramente no te suena muy familiar ese nombre. Pero si te nombro Morro de Sao Paulo sí. Decidimos esquivar este último punto turístico y conocer algo que todavía no es frecuente en las agencias de viajes extranjeras y del cual habíamos tenido noticias solo hacía unos días atrás.

 

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Brasil y una colección natural de paraísos: les presentamos a Ilha Boipeva!

 

Luego de hacer 20 km de tierra en un camino en muy malas condiciones llegamos a Torrinhas donde dejaríamos a Blanquita y tomaríamos una lancha para llegar hasta la Isla (vale destacar que no es permitido ir motorizado). Eran las 13 hs y fue todo muy rápido. No llevábamos nada preparado ni un lugar para quedarnos. Tampoco teníamos efectivo y para nuestra sorpresa no había banco ni en el pueblo ni en la isla. Sólo teníamos dinero para ir siempre y cuando discutiéramos el precio de la lancha. El dueño de la lancha aceptó pero nos daba 5 minutos para encontrar un estacionamiento, armar la mochila y salir. Malabares. Pero lo conseguimos. No tuvimos ni tiempo para pensar cómo volveríamos. Llegamos a la Isla, un poco aturdidos, recordando y riéndonos de lo que habíamos cargado en nuestras mochilas. Empezamos a caminar buscando un lugar para quedarnos y que podamos pagar con tarjeta. No encontramos. Con R$10 en el bolsillo, sin carpa, ni bolsa de dormir, ni mantita y con mucho hambre fuimos en busca de algo para comer.

Las coincidencias no existen no? Belu! Alguien grita. Para mi sorpresa, una pareja con la cual habíamos compartido algunos días en Itacaré, acababan de llegar a la isla! Les contamos lo que sucedió y nos dijeron que si no teníamos problemas de dormir en una hamaca ellos tenían una. Nuevamente comenzamos a andar. Ahora en busca de playa y un lugar para acampar.

 

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Lucho armando nuestra camita para pasar la noche. Eso sí, le pedí que fuera un Hotel frente al mar…

 

Llegamos a Praia de Cueira, a 3 km de Velha Boipeva (el pueblo), prácticamente desierta lo cual la hacía mas bella y más rústica. Sólo 2 puestitos bien simples en la playa, pero cerrados por baja temporada. Un hombre en su caballo nos saluda y nos pregunta si íbamos a ver la Luna Llena. Sale por allá, nos dice señalando. Atónitos y fascinados por la noche que nos esperaba. Pensábamos que increíble puede ser el destino. Cada Luna Llena buscábamos un lugar lindo para estar y poder hacer nuestro ritual. Pero nunca imaginábamos “ese” lugar. De hecho nos habíamos olvidado!

 

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Praia da Cueira, una de las playas mas lindas de la Isla, con una Bahia de arenas claras y una enrome extensión de coqueros!!

 

17:40 p.m. comenzó a aparecer la Luna. Amarilla, naranja, blanca. Perfecta. Nos iluminó toda la noche. No necesitábamos linterna (tampoco habíamos ido preparados para acampar). La naturaleza se las ingenió para darnos lo que necesitábamos.

Amanecimos y con la marea baja podíamos cruzar un río y poder conocer Moreré, una playa vecina con piscinas naturales y grandes arrecifes de corales, ideal para hacer snorkel y observar peces de todos los tamaños y colores.

 

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Salté de mi hamaca, abrí la ventana y dije buen día Boipeva!

 

Allí hicimos nuestro primer descanso y después de unos matecitos continuamos nuestra caminata. Luego de 1 hs llegamos a Ponta dos Castelhanos pasando por una densa mata atlántica, restingas y manguezales y finalizamos en Praia dos Pescadores. Kilómetros de playas para disfrutar, pensar y recordar la lujosa noche en nuestro hotel 5 estrellas.

 

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Durante nuestras caminatas solemos encontrar muchas cosas! Pica piedra a la canoa escondida entre Manguezales en la mata atlántica…

 

Comenzamos el retorno ya que a las 17 hs saldría la última lancha. Antes teníamos que conseguir efectivo para pagar el barquito.

Semejantes caminatas y el descanso de pocas horas estaban dejándonos exaustos. Nos faltaban 4 km y el tiempo nos apremiaba. La marea había subido y no teníamos cómo volver al pueblo. En eso pasa un tractor, siendo el único transporte terrestre motorizado autorizado para circular.  Nos alcanzó hasta el pueblo y nos dirigimos al puerto.

 

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La vuelta en tractor nos recordaba a nuestros pagos!!

 

Pero la última balsa se había ido. No teníamos cómo regresar a donde estaban nuestros amigos porque la marea nos lo impedía. No teníamos efectivo para pagar un lugar y nadie nos aceptaba tarjeta. Habiamos conseguido efectivo sólo para pagar el regreso.

Qué hacemos? Esperemos, le digo a Lucho. Quizá alguna lancha salga por algún imprevisto. En eso nos hace seña la mujer a cargo y nos dice, está por salir una lancha, va para otro lugar pero los puede dejar cerca, a 5 minutos de Torrinhas, en un muelle, y ahí busquen a “Didingo” y los llevará en canoa.

Pero seguro que está este hombre? No, pero es la única opción. La lancha se va!

Nos miramos, suspiramos y corrimos. No tuvimos tiempo a pensar qué haríamos si un hombre llamado “Didingo” no estaba, o si nos quería cobrar más de lo que teníamos, o dónde pasaríamos la noche. El sol caía y confiamos en nuestro instinto.

 

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La balsa era bastante flaquita… Detrás de Lucho “Didingo”, gracias a quien llegamos perfectos!

 

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Llegamos en esto?? Pregunto asustada. Claro que sí! Y tuvimos de regalo esta puesta de sol…

 

Llegamos bien. Final feliz. Existía ese tal “Didingo” y su canoa. No había monstruos en ese inmenso río. No nos alcanzaron bestias salvajes ni seres exóticos. Esa era pura imaginación. Sólo vivimos intensamente 2 días y una noche.  ¿Cómo habrá sido vivir intensamente hace siglos atrás si esta era su rutina?

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