InBOLIVIA, DIARIO DE VIAJE

Se complicaron las cosas… FUNDIMOS MOTOR!!

 

 

Estábamos en Bolivia. A 50 km de Potosí. Caminos sinuosos, arduas subidas, calor seco y asfixiante, vientos intensos de esos que te resecan la garganta, la piel y te parten los labios… Blanquita dijo basta! Sin ningún pueblo cerca, a 3.880 mts. de altura, en subida, sin saber nada de kombis colocamos un banquito frente al motor y comenzamos a leer el Manual para Idiotas de VW. Sin dar con la tecla de saber qué estaba sucediendo intentamos continuar. Pero luego de 5 km. se para nuevamente. Hicimos dedo sin éxito, con una linga cortada y reseca y una noche helada que se asomaba. Lucho emprende su caminata hacia la luz más cercana. Yo, diez avemaría y un Padre Nuestro para que todo salga bien. Volvió sin muchas respuestas, pues el pueblo estaba de fiesta y nadie nos iría a buscar. Había que llegar por nuestros propios medios. Así que con luces bajas y altas a medio funcionar, con curvas y contracurvas, un precipicio apareciendo, subidas interminables y un motor que hacía clan-clan tiki-tiki, llegamos a duras penas. Y esta odisea estaba por comenzar!!

 

8/10/2016

 

8 a.m. El mecánico más próximo que encontramos nos dijo que luego de su “sopita mañanera” iría hasta la kombi. Nunca vino. Vimos y escuchamos un poco la kombi y todo parecía normal. Confiados pensábamos en llegar hasta Potosí. Intentamos despacito seguir pero a los 10 km. Blanquita no iba ni para atrás ni para adelante. Una grúa nos fue a buscar y nos dio el peor diagnóstico: debíamos hacer el motor nuevo!!! Dónde? Cómo? Cuánto? Justamente en Bolvia!!

 

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Aquel mecánico, que nunca vino a ver la kombi, era el dueño de la grúa del pueblo!! Coincidencias??

 

En un lugar que parecía haberse detenido en el tiempo, donde la gente hablaba Quechua u Aimara y unos pocos se comunicaban con nosotros en un Español confuso y errado. Noches gélidas y días con un sol alto y fuerte. Falta de agua. La Bolivia sin turismo. Pura y sin contaminaciones. Domingos de mercado. Pescado, pollo, carne, huevos y leche. Olor hediondo. Olor a frito. Olor a carne cruda. Ganado en exposición. Semillas y granos. Manos sucias. Refrescos. Mocochinche. Silpanchos. Especias y condimentos. Pan casero. Mote. Frutas y verduras. Camiones abarrotados de personas. De animales. De mercadería. Hacinamiento. Manta de colores. Palabras inentendibles. Pieles arrugadas. Niños con moco. Sandalias sucias. Pies descalzos. Manos cuarteadas. Sombreros. Polleras tableadas. Guaguas. Gente masticando. Muchas mujeres. Pocos hombres. Perros robándose la carne. Gente corriendo tras ellos. Trenzas largas. Medias de lana. Sol y viento.

 

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Un día de feria, de trueques y de encuentros. Así es el día a día de Bolivia.

 

En medio de aquel caos reinante que nos remontaba a una era antiquísima, nosotros vestidos de zapatillas, pantalones y camperas, buscando wi-fi, casi imposible de conseguir. Éramos espectadores de un cine en vivo, de una pieza de teatro sin guión, de un cuadro natural.

 

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Los hombres en las minas. Las mujeres cargando y descargando camiones son encargadas del sostén familiar.

 

11/10/2016

 

Cuarta noche de espera en el pueblo. Era muy difícil que alguien nos remolcase hasta Potosí. Varios camiones ya se habían comprometido con nosotros y se olvidaban de nosotros (tendrián mal de alzheimer?)

Otro camión apareció. Nos dijo que nos llevaba al día siguiente a las 5 a.m. Dormimos atados al camión para que no se nos escape!!! 4 días de frío, sin agua, sin baño. Conociendo las entrañas de Bolivia. Su escasez, su desorden, su hostil mirada, su dolor, su sometimiento y su poca escapatoria.

 

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Postal Boliviana: 5 a.m. y estas mujeres luego de descargar los camiones esperan a sus posibles compradores no sin un deje de cansancio.

 

12/10

 

4:30 a.m. Despertamos. 5 grados bajo cero. Pusimos la pava. Esperamos. Se hicieron las 5, 6, 7, 8 a.m. Aquel camión no iba para Potosí! Qué???? Desesperación. Quinto día y sin conseguir alguien que nos tire. Ni favor, ni ruego ni dinero eran suficientes.

 

Y apareció un “ángel” que nos llevaría… El detalle era que le faltaba la batería a su camión. Carretilla en mano, rumbea pa´l pueblo a 2 km. Mientras, nosotros preparamos el rudimentario enganche con cadena, soga y linga y nos sentamos a esperar. Volvió, piolón y manso, puso la batería y pidió una sopa. Y otra.

 

Primer intento de salida: le falta nafta al camioncito.

Segundo intento: se corta la linga.

Tercer intento: se corta la soga.

Mmm… Está complicado. – Nos dice el chofer. – En el pueblo no hay lingas, ni sogas para comprar.

Cómo no va a haber? – Respondo. – Alguien tiene que tener! Indignada, bajo la bici y emprendo el viaje hasta el pueblito.  Consigo una soga.

Cuarto intento: se rompe el candado y el camioncito siguió unos kilómetros sin nosotros!

Quinto intento: se desata la cadena.

Sexto intento: unos kms. antes de llegar nos comunica que nos dejaba allí, antes del control policial, debido a su falta de papeles. Algo más?? Sí! Señoras y señores el camioncito no arrancaba y pretendía que lo empujemos!!! Habíamos demorado 5 días, 4 noches, mucho estrés y una suma abultada de dinero para que ahora se de vuelta la torta!! Por fin arrancó.

Nos separaban 5 km a la “ciudad rica” (como se le llama a Potosí) con enormes subidas y bajadas. Cómo íbamos a conseguir llegar?? De una forma triunfante: empujábamos la kombi, corríamos y saltábamos dentro. Lo único que se me ocurrió decir fue “eso fue divertido”, y soltamos una risita.

 

17/10

 

No todo acabaría con llegar a Potosí y conseguir un mecánico. ¿Cómo explicarles que no nos cambien partes del motor sin necesidad? ¿Cómo explicarles que les entregábamos nuestro objeto más preciado? Don Pastor fue el elegido. Especialista en kombi y VW. Pero a duras penas nos entendíamos.

 

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Tripa y corazón afuera! Sufríamos ante cada golpe que le daban a nuestro motorcito!!

 

Luego de una semana de vivir en el taller, llegó el día de colocar el motor y la hora de la verdad. No arrancaba. ¿Qué pasa? – Preguntamos – Y con un ademán de yo no sé, continuó su trabajo en otro auto. Corrimos en busca de electricistas. Un cable mal conectado y un cortacorriente antirrobo que ni sabíamos que teníamos. Momento de probarla, regularla y toques finales: el precio. Ya la inflación se había ido por las nubes. El costo se había triplicado absurdamente. Pelea, discusión, nervios, estrés. La palabra de él contra la nuestra ¿Quién cedería? Llegamos a un acuerdo en la mitad con el fin de no extender más aquella situación.

 

Lo bueno de todo esto: tenemos algo antirrobo!!

 

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