InDIARIO DE VIAJE, PERU

PEDALEANDO CAMINOS SALVAJES

 

Estábamos en Puerto Maldonado, en la Reserva Tambopata, un sitio que la mayoría de los turistas pecan por olvidarlo, y pasa inadvertido en su viaje por Perú. Ubicado a 10 horas en bus desde Cuzco hacia el este, decidimos embarcarnos hacia la selva. Blanquita quedó bien cuidada en Cuzco, pues tardaríamos 3 o 4 días en llegar con ella. Y todos nos merecemos unas vacaciones para evitar la fatiga y el tedio hasta tal punto de tirar todo por la borda.

Allí, en el medio de la selva, de noche los ruidos se agudizan, los ratones del bamboo chillan, las tarántulas sacan a relucir sus patas tostadas y peludas, las cigarras aturden con su sonido incesante, las serpientes corales visten su brilloso y colorido traje y los monos aulladores están de fiesta. Habíamos vivido y aprendimos a convivir con respeto y armonía con este entorno. Pero mi afición por la selva crecía aún más y quería ir más allá.

 

Advertencia!! Como Juan por su casa, de repente, apareció una coral!! 

Las Tarántula de día no se sienten ni se perciben, pero cae el sol y sus piernitas aparecen!!

 

Una de las mañanas había amanecido con ánimos de moverme. No tardó de aparecer una bici, un mapa y un camino por conocer en el medio de la selva. La idea de ir sola no me molestaba en absoluto hasta que las entrañas de la selva me mostraran su lado más salvaje. Aun así, lo asombroso e inesperado mantuvo mis instintos a flor de piel y mi cuerpo en alerta, observando y escuchando. Mi desorientación es fatal, no soy de esas viajeras que saben leer mapas y coordenadas; me olvido de las indicaciones que me dan, no las entiendo (o no presto atención, más bien estoy volando imaginando cosas), pero esta vez iba sola y no podía fallar. No había aparatos mágicos, ni Gps ni nada que me acompañe. Sólo un papel bien doblado en mi bolsillo trasero de mi pantalón negro.

 

Río Tambopata en la Amazonía Peruana, un afluente del río Madre de Dios.

Tenía que pasar un puente y antes del puente y antes del segundo doblar a la derecha. Eran tantos los caminos que tuve que frenar y desdoblar el mapa tachoneado varias veces para resolver el enigma. Lo logré y continué. Pero nuevamente me topé con una encrucijada y recordé las indicaciones: “Verás 2 caminos, pero uno tendrá un portón cerrado y no tendrás más opción que elegir el otro”. ¿Pueden creer que no había portón cerrado? Pero mi intuición no me falló.

 

 

El camino comenzó a cerrarse y espesarse. La selva en todo su esplendor aceleraba mi corazón. Una gran mariposa azul, llamada vulgarmente el Jaguar de la selva, se posa frente a mí y me quedo admirando sus alas en la breve y perfecta suspensión, y la veo alejarse con una exasperada nostalgia, pues su compañía me agradaba. Otra vez me encuentro sola, frente a los fantasmas de la inmensidad. Los brillos de sol intentaban colarse entre las palmas de bananos y árboles gigantes. Por trechos lo conseguían y me sentía más acompañada.

Quise parar a tomar aire fresco, sacar mi precario celular para guardar un recuerdo, pero los mosquitos, insectos y bichos de tamaños descomunales no esperaron para hacerme la guerra. Al parecer no es compatible la tecnología con la naturaleza. No podía desviar mi atención bajo ningún punto de vista del camino, pues de lo contrario corría peligro de toparme con alguna cosa gigantesca, o la bici quedarse atascada en algún banco de arena, o que las ruedas se deslicen fuera del minúsculo camino e ir a parar a un matorral donde sería la presa de algún ser viviente queriéndose defender.

 

Es todo un reto y mucha adrenalina adentrarse, explorar y escuchar. Incandila su belleza y su verde natural.

 

Luego de este estrecho camino; donde gruesas telas de araña eran amigas de mi rostro y los insectos de mi cuerpo, las hojas me acariciaban la espalda, el calor junto a la humedad bañaron mi cuerpo de sudor y los ruidos de hojas secas moviéndose impedían que baje un pie de la bicicleta; el paisaje cambió bruscamente. Se abrió, pude ver el cielo y la pampa se apareció delante de mí. Supuse que la pampa ya sería un alivio para mi corazón que quería salirse de mi cuerpo, pero mi desconocimiento sobre la “Pampa de la selva” no jugó a mi favor. Esta “Pampa” de metro y medio de verdes pastizales contenía murmullos, silbidos y ecos tan profundos que hubiese preferido tener auriculares y que mi imaginación no sea tan desmedida. ¿Habrá Jaguares? ¿Pumas y leones? ¿Qué haría si me enfrentara con uno? Intenté calmar mi mente y pedalear, solo pedalear.

 

La gran selva en todo su esplendor! Vegetación llenando cada punto de la foto!

 

Un alambrado anunciaba mi llegada al otro extremo de esta área virgen. Algo azul que desentonaba con el paisaje, se iba haciendo más grande. Para mi alivio voy dilucidando una silueta humana luego de tantos kilómetros de soledad. Me paro a conversar y preguntarle por la vida de la selva, por la existencia de pumas y jaguares, y no sabría exactamente si con su afirmación sólo deseaba perpetuar mi miedo y su sarcasmo. Prefería no ahondar más mi interés por la vida en la selva y continuar mi camino. Inconsciente o conscientemente, mis instintos se agudizaron aún más luego de aquella conversación. Así fue como un ruido de un monstruo gigante y a toda velocidad alertó mi cuerpo, puso piel de gallina y aceleró mi corazón como si acabara de realizar un Test de Cooper. Una camioneta apareció y me hizo dar cuenta de que mi imaginación estaba siendo demasiado grande. Y luego pasó otra, y otra a toda velocidad, tan cerca del volante y cubriéndome de tanto polvo que no sabría a quién temerle… Si a la selva o al hombre suicida devorador de la paz y la tranquilidad… En fin, al menos estaba nuevamente en un camino amplio y la civilización apareciendo…

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3 Comments

  • Miguel Antonio Bisotto

    Hija estas empedo

    agosto 22, 2017 at 3:39 pm Reply
  • Miguel Antonio Bisotto

    Pero debe ser hermoso

    agosto 22, 2017 at 3:40 pm Reply
  • Miguel Antonio Bisotto

    Y si no se escribió lo anterior a hermoso estás empedo ir sola por la selva

    agosto 22, 2017 at 3:41 pm Reply
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