LA LAGUNA 69: el CARIBE en la CORDILLERA

Perú no es solo Machu Pichu. Perú es y tiene mucho más que eso. Tras 2 meses de recorrer este país seguimos descubriendo lugares extraordinarios. Comenzamos a oír sobre la Cordillera Blanca y una Laguna 69 (nada de lo que usted está pensando mi querido lector es correcto, el nombre se debe solo a la enumeración de las 300 lagunas que componen el Parque).

Debíamos desviar de la ruta trazada, pero intuíamos que valía mucho la pena. Y lo valió.

Llegamos a Yungay, una de las puertas de entrada al Parque Nacional Huascarán, ubicado a unos 58 kms. al norte de la ciudad de Huaraz. Nos sorprende su agradable temperatura que ronda en los 20º, a pesar de estar ya bajo la Cordillera Blanca. Su clima tropical, su verde y espesa vegetación contrastan con los picos blancos que se alzan imponentes. Leemos un cartel que dice “Yungay, ciudad sepultada” y nos corre un escalofrío, pero así fue, la antigua ciudad de Yungay fue sepultada tras un aluvión y posterior sismo, dejando un saldo de entre 18.000 y 25.000 personas muertas. Nos provoca un mutismo y un respeto hacia esta naturaleza que todo lo puede.

Comenzamos a subir los 25 kms. de ripio que separan el pueblo de la entrada al Parque Nacional, pasando por bellos lugares y aldeas serranas como Hongo y Huashao, que ofrecen comidas típicas como la pachamanca, el caldo de gallina, el chocho, el mostro y mostrito.

Dormimos en la entrada del Parque para comenzar tempranito la odisea al día siguiente, pues necesitaríamos un buen descanso para las 5-6 horas de treakking que nos esperaban.

 

Una de las puertas de entrada del “Parque Nacional Huascarán”, por el sector Llanganuco.

 

Se lo contaremos todo, desde el inicio de este día. Desde las 6:45 a.m. cuando suena el despertador y nada lo encontrábamos dentro de la kombi. Ni la mochila, ni las cosas para guardar dentro de ella, ni la ropa. Por lo cual nuestra salida se demoró un poco más de lo planeado. A las 8 a.m. pasamos el puesto de control, pagamos los 10 soles que corresponden y conducimos 13 kms. (de pozos y piedras espantosas) hasta llegar al campamento base donde dejaríamos la kombi y comenzaríamos a caminar. Pero antes de llegar a este campamento pasamos por unas lagunas que ya nos alertaba de las maravillas que nos toparíamos en este viaje. “Chinacocha (en quechua significa laguna hembra) y Orconcocha” (laguna macho) son los nombres de ellas. El color verde esmeralda es surreal y nos deja boquiabiertos.  No era solo las lagunas y sus colores, sino todo el lugar que parecía sacado de un cuento de hadas. Encuadrando el contorno de esta piscina, se elevaban paredones inmensos, agrietados y profundos. Sus picos filosos y puntiagudos apuntaban al cielo. Y los árboles no se quedaban atrás y marcaban su presencia. Sus troncos de color rojizo se deshacían al tacto tal cual fuera un húmedo papel ¿No es de cuento lo que estamos relatando?

 

Laguna Chinacocha, a 3.850 m.s.n.m. Cuanto más elevados estamos, más se visualiza este color verde turquesa!

 

Llegamos al campamento, dejamos la kombi al cuidado del guarda parques, y comenzamos la aventura. Unos kilómetros más adentro y la Cordillera se hizo notar. La temperatura descendió abismalmente y nuestros abrigos, totalmente inapropiados para tal ocasión, no fueron suficientes. Una llovizna comenzó a empaparnos, a dejar pesada la ropa para el resto del camino y a helarnos los huesos.

Les describiré el paisaje y las sensaciones de estas 3 horas de caminata hasta llegar a la laguna 69, para que puedan imaginárselo:

  • Cascadas eternas que venían de lo más alto de la cordillera, pegaban saltos y caían al vacío.
  • Riachuelos caudalosos que sonaban desde lejos estrepitosamente .
  • Piedras que se desprendían y rodaban por la misma gravedad, sacudiéndonos y dándonos un buen susto.
  • Glaciares que tronaban.
  • Olor a manzanilla, olor a incienso. Un jardín que no precisa sahumerios pues los tiene naturalmente.
  • Llovizna fina y lluvia gruesa que impedía ver más allá del camino.
  • Enormes copos de nieve que caían embelleciéndolo todo tras nuestro paso.
  • Pedacitos de hielo duro que congelaban nuestro caminar.
  • Y rayos de sol que calentaban nuestro paso y mejoraban cualquier visión.

Luego de caminar durante casi 3 horas y pasar por todos los estados y paisajes, tras una fatiga que casi nos hace desistir, que nuestro corazón esté a punto de estallar y nuestros pulmones no resistan más la falta de oxígeno debido a los 4.650 metros que habíamos alcanzado, llegamos a la LAGUNA 69!!

 

Mojado y helado pero feliz!! Nuestros anticuerpos a prueba de balas!

 

Las tres horas pasaron simplemente volando a pesar de que caminábamos con tal lentitud que pensábamos que nunca llegaríamos. El camino para llegar a la laguna fue de menos dificultosos hasta más dificultoso y las bellezas de los lugares que pasábamos también fue de menor a mayor ¿Existirá alguna relación entre el esfuerzo realizado y las bellezas conquistadas? Al final de cada camino siempre hay un premio, y claro está, el más difícil debe tener también una mejor recompensa.

 

Con mucho frío pero con la sensación de estar donde queremos estar.

 

Un caribe bajo la cordillera. Un glaciar en lo alto del Nevado Chacraraju (6.100m.s.n.m),  que se eleva encima de esta laguna azul y se espeja en ella. No sabemos a qué se debe esta pigmentación paranormal, sólo nos dedicamos a contemplarla y mientras, como de costumbre tras largas caminatas, comenzamos nuestro pic-nic tan merecido. Una palta, un tomate y algunos pancitos formaban parte de este banquete. De repente el sol se escondió, una nube negra y densa apareció, y en cuestiones de segundos los garrotillos comenzaron a caer dejando nuestros sándwiches como recién salido de la heladera, o mejor dicho del freezer.

 

No se alcanza a vislumbrar la inmensidad de los picos nevados y sus glaciares, así que lo invitamos a que lo descubra a través de sus propios ojos!

 

El camino de regreso (más rápido que la ida pues era de bajada), fue alegre tras la sensación de felicidad que sentíamos. El paisaje más bonito aún, pues ya no nevaba lo cual nos permitió disfrutar aún más el lugar. Las montañas parecían espolvoreadas de talco y los colores resaltaban aún más. Los pies los sentíamos calientes, los labios violáceos retornaban al color habitual, el cuerpo dejaba de temblar y nuestras manos se empezaban a sentir.

 

Regresando y sin para de sorprendernos!

 

A nuestras espaldas dejamos los inmensos picos más altos de Perú, con 6.700 mts., la caminata más asombrosa que hemos hecho en todo el viaje hasta el momento, y en nuestras mentes un nuevo recuerdo que nos acompañará toda la vida.

 

Blanquita también subió hasta 4.000 metros, pero el mal de altura no lo sufrió!

 

Aún nos esperaba la kombi y con ella disfrutar unos ricos y calentitos mates, mientras nos quitábamos la mojada y pesada ropa que llevábamos, en aquella laguna que nos había deslumbrado esta mañana, pero que en ese momento estaba abarrotada de turistas. Ahora era solo para nosotros… Nos encanta ir en contramanos del turismo!!

 

La vida en kombi: nuestros descansos dónde queremos y cuándo queremos. No necesitamos mucho más no?

3 Replies to “LA LAGUNA 69: el CARIBE en la CORDILLERA”

  1. Nilda Julia Soardo says: Responder

    Que Bellezas!!!!!!! Adelante y que continúe la “AVENTURA” Bendiciones….

  2. Chicos felicitaciones por lo qué están viviendo, gracias por publicarlo, porque así nosotros también podemos descubrir éstos bellos lugares. Gracias. Suerte y sigan disfrutando.

  3. Hermoso viaje y mejor vivencia ,sigan así chicos ,disfruten buen viaje .-

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