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LA SELVA AMAZON ECOLODGE & SPA: El jardín del Edén

¿Cómo podríamos hacer un viaje a la SELVA y entrar en un mundo donde todo es aventura? ¿Cómo podríamos vivir en plena naturaleza selvática? ¿Cómo podríamos descubrir la diversidad de animales que Horacio Quiroga aprendió a conocer en la selva hasta el punto de convertirlos en personajes de cuentos dotados de vida? ¿Cómo podríamos conocer y compartir la cultura de quienes viven allí desde hace años?

Un día de lluvia. Como 2 personas de edad avanzada, nos encontrábamos tomando un café en la Finca Chamanapampa, en Baños, Ecuador, hojeando una revista. Ñan era su nombre y hablaba sobre el Amazonas Ecuatoriano, su típica culinaria como los gusanos, su flora y sus plantas medicinales, su fauna como caimanes y boas, y sus comunidades que hacen del Amazonas algo totalmente exótico.

– Acá quiero ir! – Pienso en voz alta. Ante la imposibilidad de atravesar el Impenetrable con la kombi, sigo pensando cómo poder llegar, y encuentro al final de la revista, un Hotel:La Selva Amazon Ecolodge & Spa“. Confié en mi instinto y les escribí. Al día siguiente, en la bandeja de entrada de mi e-mail, una aceptación a mi petición cambiaría el rumbo de nuestro viaje. Pero con un plus: viviríamos desde adentro con la comunidad kichwa nativa “El Pilchi”, realizando una intervención artística con los niños. El Hotel no solo nos permitiría conocer la selva de día y de noche a través de diferentes excursiones, sino estar en contacto con el legado cultural de esta comunidad ancestral, quienes nos abrirían sus casas y sus corazones.

 

Balcón de una de las habitaciones. 4 noches fueron suficientes para enamorarnos de este paraíso!

 

La Selva Amazon Ecolodge & Spa, está localizada al este de Ecuador en la Reserva Yasuní, en la Laguna Garzacocha, en la provincia Sucumbios. El puerto del Río Napo de la ciudad de Francisco Orellana, conocido como “El Coca”, es la puerta de entrada hacia la selva. ¿Cómo haríamos con la kombi? Ellos se encargarían de toda la logística. Del lugar para guardarla, de ir a buscarnos, de llevarnos y de traernos. Siempre adelantándose a nuestras necesidades. Sabrían que en el camino necesitaríamos agua y no tardaron en aparecer 2 cantimploras de aluminio con agua, y también hambre, y 2 mochilas nos esperaban en la embarcación con nuestros nombres detallados:

– Para usted señorita su menú vegetariano, y éste para usted señor Luis. – Lo sabían todo, nuestros nombres, gustos y preferencias. Un trato personalizado y detallado fue la especialidad de la casa.

2 horas nos esperaban del puerto al lodge, de un paseo poco habitual para nosotros, y tan transitado para la gente local. 2 horas río abajo, 2 horas por el majestuoso Río Napo (donde nace el Río Amazonas), lo que significaba que nos adentraríamos bien a la selva, conoceríamos sus entrañas, no solo la orilla. La imagen que carga la selva amazónica en el imaginario de un amante de la naturaleza, aquella de exuberancia, diversidad y equilibrio, estaba frente a nuestros ojos.

Durante el viaje, el bosque húmedo tropical se hizo sentir. Arriba un cielo gris tupido de nubes. La finísima lluvia no demoró en aparecer. Un techo de media sombra intentaba retener el paso de un aguacero que parecía colarse por todos lados. El ambiente olía a humedad. 2 ponchos para el agua se asomaron. – Para que no se moje señorita! – Claro! Ya lo sabían, así de impredecible es el Amazonas, uno disfruta, pero la fuerza de la naturaleza manda. Nos estábamos adentrando en aquel lugar del que inundan fotografías en la red y en las revistas de viajes.

Llegando al Ecolodge, reflejado en la Laguna Garzacocha!! Una lluvia finísima y un cielo cubierto no nubló nuestra Felicidad. Lo vivimos con sol, con lluvia, con nubes… Así es el Amazonas

 

Y el paseo continuaba. De la lancha a motor, a una canoa de fibra de vidrio a remo. Del Río Napo a la Laguna Garzacocha. He aquí lo que llamo el “Jardín del Edén”. Una pequeña grieta que nos llevaría hacia el interior de la selva. El camino se tornaba más verde, más húmedo, más tupido y más cerrado. Innumerables árboles bloqueaban la luz de esta cueva secreta de biodiversidad. Garzas, aras, tucanes, tortugas, monos y perezosos. El misterio del mundo de la selva ya comenzaba a dilucidarse, y una desconocida red de sonidos a nuestros oídos más bien urbanizados, nos envolvió.

La laguna comenzó a abrirse ante nosotros, como un foso imponente. A lo lejos, una construcción dialogaba con el paisaje y se reflejaba en el verde esmeralda de sus aguas. Nada desentonaba en su diseño. Hasta la paleta de colores en tonalidades de verdes y marrones, se perdían en la espesura de la selva. Toallitas con aroma a limón en la entrada del hotel, esperaban y limpiaban un rostro que el viaje había dejado húmedo y aceitoso; una taza de chocolate orgánico caliente se encargaría de calentar nuestros cuerpos mojados y fríos; y una charla de bienvenida nos preparaba para estar 4 noches y 5 días en un lugar donde la quietud es sólo una apariencia, porque allí suceden infinidad de cosas conmovedoras, inquietantes, novedosas y llenas de expectativa como un regalo constante.

 

Vista Panorámica desde el mirador del Restaurante. Un lugar de ensueños!

 

Dentro de la estadía, no podían faltar las clases de Yoga. Recorrer a las 5 a.m. los senderos oscuros, que separaban la habitación con el deck, frente a la laguna, significaba agudizar los sentidos cuando la noche aún reinaba en estos jardines secretos. Meditar con la quietud del amanecer, pero con una sinfonía continua de sonidos naturales como telón de fondo, fue una experiencia celestial, una comunión con la madre naturaleza y un diálogo interior. Ya no regresaríamos igual.

 

5 a.m. este deck nos regalaba un espacio perfecto para la clase de Yoga! La luz de una vela alumbraba modestamente, y un concierto de peces y pájaros la música de fondo…

 

Macadamias, almendras, ciruelas, granola y un plato preparado de frutas frescas: pitahaya, babaco, papaya y guanábana. Huevos revueltos, bacon, salchichas, croissants con manteca y dulces caseros. Desayunos copiosos y para todos los gustos! 

 

Un instrumento de aire elaborado con caña de Bamboó nos avisaba que la comida estaba lista. Al llegar, la mesa preparada. Al servirnos, Bernardo y Mario se encargaba de que nada nos falta. Elvis, el chef, conocía las preferencias de cada uno. Nos sentíamos los seres mas especiales de la tierra!!

 

Hay muy pocas maneras de recorrer la Amazonía Ecuatoriana y entrar en contacto con su gente. Pero el Hotel, sustentable hasta la médula, está comprometido con la comunidad kichwa “El Pilchi”, con quien mantiene un convenio, mejorando las condiciones a favor de la comuna, a la vez que apoya los proyectos de dicha comunidad. Por el uso del territorio y por mantener los servicios ambientales, la empresa se compromete a pagar, y a la vez los turistas que se hospedan en el hotel son llevado a conocer estos proyectos.

Gracias a este contacto que mantienen con la comunidad, pudimos conocer y mantener un papel activo con ellos, transformando y embelleciendo la “Casa Comunal”, cede de eventos y reuniones de la comuna, con ayuda de los niños de la escuelita… 

 

En el fondo el mural realizado con ayuda de estos hermosos niños: representan los diferentes relieves de Ecuador, integrando la región costera, la región andina y la región amazónica. El Río Amazonas queda representado con esas mismas ondulaciones. Ellos nos ayudaron y colocaron sus manitos y sus nombres!

 

Cada mañana, asistíamos a la comunidad y compartíamos con ellos; y cada tarde el Hotel nos convidaba a descubrir la selva en su más íntima expresión, a través de guía nativos. Paseos en canoa por la noche, avistamientos de pájaros, caminatas y aventuras dentro de la selva y hasta nadar en la Laguna con caimanes. Actividades de día y de noche.

Y así nos enamoramos de un par de aras azul y amarillo, subimos a la “Casa del árbol” gigante con 38 mts de altura y avistamos tucanes, vimos caimanes brillar en la oscuridad y culebras tan camufladas colgando en ramas, que sólo quien conoce podría verlas, observamos familias de monos saltando de rama en rama en lo alto de los árboles y escuchamos “Marchar” un panal de avispas a la orden tal cual un servicio militar.

 

En la “Laguna Mandicocha”. Kevin y Guillermo: 2 hermanos de la comunidad kichwa que conocen el lugar como la palma de su mano.

 

Con unos guías que saben esperar y que saben escuchar a la naturaleza. Unos guías que nos dejan perplejos al imitar cada pájaro, cada sonido de la madre tierra. Unos guías que tienen talento en la práctica de remar y en el arte del silencio. Y así, un remo que se desliza suavemente a través del agua, sin salpicar, sin efectuar ruido alguno, atrae cada mariposa y cada insecto que se posa en él, mientras nosotros nos dedicamos a disfrutar.

En silencio y a remo, las sombras de la selva danzan. El sol entra en el monte como si quisiera explorarlo y descubrir a sus criaturas que tan vivamente habitan en él. No saben de nuestra presencia, y los pájaros nos deleitan con su canto y nos sentimos en un concierto donde somos espectadores invisibles.

 

Esperemos que podamos ser lo suficientemente sabios como para proteger, disfrutar y convivir con nuestra naturaleza para siempre. Simplemente gracias “La Selva Amazon Ecolodge & Spa” por tal oportunidad!

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4 Comments

  • Imanol Rodrigo Listello

    Excelente lugar paradisíaco… Parece un lindo lugar para estar en contacto con la naturaleza!!

    octubre 9, 2017 at 11:35 am Reply
    • Viajá y Reíte

      Excelente lugar!! Aprendiendo y conectando con la naturaleza cada día!

      octubre 9, 2017 at 5:38 pm Reply
  • Franz Campoverde

    Es mi Ecuador querido amazomico desde siempre y hasta siempre. Viva la patria.

    octubre 31, 2017 at 1:19 am Reply
    • Viajá y Reíte

      Hermoso tu Ecuador! No deja de sorprendernos y quitarnos el aliento! Abrazo grande Fran!

      noviembre 7, 2017 at 11:55 am Reply

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