VER A LA SELECCIÓN ARGENTINA Y CON PRESUPUESTO VIAJERO!!

Nadie se imaginaba un Mundial sin Argentina (ni sin Messi), pero estaba complicado su lugar en Rusia 2018. Un partido decisivo de las eliminatorias: Argentina vs. Ecuador. Este último país ya estaba afuera, y nosotros casi. Nuestra celeste y blanca se jugaba su lugar en el show que hace esperar 4 años para enloquecer a las masas apasionadas por este deporte. El partido categórico se disputaba en la capital de Ecuador, Quito , y nosotros nos encontrábamos a unos pocos kilómetros de allí. Pero ¿Cómo haríamos para tener las entradas de un partido tan importante con nuestro bajo presupuesto viajero? U$d 40 cada entrada (según ciertas estadísticas, las entradas para ver a la selección argentina están entre las 6 mas caras del mundo). Sabemos que, en Argentina, un partido así se valúa mucho más que U$d 40, además del costo del viaje hasta Buenos Aires, etc, etc.  Pero para bolsillo flacos, dicho dinero puede ser la comida de todo el mes, así que estaba fuera de nuestro alcance. Pero no podíamos desaprovechar semejante oportunidad. Algo teníamos que hacer en los pocos días que nos separaban del partido. Hicimos un llamado a nuestro potencial creativo y la idea de un video surgió.

Un video que se viralizó, llegó en manos de quien debía llegar, y una excelente noticia recibimos a través de un mensaje al día siguiente de dar a conocer el video por las redes sociales: al otro día, a las 9 a.m., debíamos pisar suelo quiteño y estar en la Embajada Argentina. El embajador, cordobés de pura cepa, nos recibiría para escucharnos y una nueva esperanza para conseguir las entradas se avivó. Nos encontrábamos a 80 kilómetros de la capital, así que al otro día partiríamos a las 6 a.m. rumbo a Quito.

8.50 a.m. Blanquita merodeaba un carril con autos lujosos, negros y blindados. Hombres con zapatos lustrados, camisas con el último botón desprendido, portafolios colmados de “papeles importantes”, con un reloj en la muñeca que medía un tiempo de oro lleno de acontecimientos financieros, de finos trajes; entraban y salían de un edificio vidriado y suntuoso como todo su entorno. Con nuestro mejor traje, un jean y unas zapatillas, allí nos dirigíamos. Un guardia, adelantándose a nuestra pregunta, marcó el octavo piso (¿Cómo supo que teníamos una cita con el embajador argentino? Hasta el día de hoy no lo sabemos). Al bajar del ascensor, un secretario sale a nuestro encuentro:

-El señor Embajador los está esperando-.

Un mástil cromado detrás del gran escritorio, con una bandera Argentina, un enorme retrato del actual Presidente y Diplomas enmarcados, adornaban la pared.

Y en ese entorno, un hombre vestido con traje oscuro, camisa blanca y corbata a rayas azules, se disponía a escuchar nuestra “importante petición” (imagínense con los temas importantes que debe tener un Embajador!). Pero ahí estábamos…

– Chicos, ustedes dirán. – Nos dice

Quería que le contemos sobre nuestro viaje, nuestra vida y qué precisábamos de él como Embajador. Tras explicarle cómo viajamos, hacia dónde, y cómo nos comunicábamos con nuestras familias (algo que parecía preocuparle), le comentamos que tal vez… quizá por acaso… habíamos imaginado… habíamos pensado… que él podría ayudarnos a conseguir las entradas para cumplir el sueño de ver a la selección.

Pocillo y plato de porcelana blanco contenían un tinto. Una funcionaria entraba con un café, interrumpiendo nuestra tímida voz ante el pedido delante de este señor.

Un sobre blanco, escrito en letra cursiva que decía “Embajada de la República Argentina – Quito – Ecuador” se nos entregaba. Un sueño contenía dentro: 2 entradas para ver la selección por primera vez!!

 

Entrada en mano y felicidad que no podíamos contener y queríamos compartir!! No podíamos creerlo!!

 

Contuvimos la emoción, sacamos unas fotos, conversamos un poco sobre cómo se extraña la calidez argentina, el asado y el fernet como buenos cordobeses. Pero ya estábamos abstraídos, solo queríamos sacar esta emoción que teníamos dentro, saltar y gritar, pero no queríamos comportarnos de manera incivilizada en un entorno tan ilustrado.

Día del partido…

10 de Octubre: 11 a.m.

Al mediodía llegaría la selección al Hotel Hilton, y allí fuimos tras 5 kms de caminata (mirá si también teníamos suerte y nos firmaban la camiseta). Llegamos temprano y aún no se veían camisetas argentinas ni oportunistas vendiendo “las cartucheras que usa Messi” ni las “las papas que come Messi”, como más tarde comenzarían a escucharse. Tras ver 2 camisetas argentinas, los medios de comunicación comenzaron a acercarse. Crónica TV, TV pública, TN y hasta un noticiero ecuatoriano nos perseguía para conocer el sentimiento de los Argentinos en las vísperas de un semejante partido.

A minutos que lleguen los jugadores, estampados contra las vallas y sorprendidos por la cantidad de ecuatorianos esperando la selección y ansiosos por ver a Messi, conversamos con ellos. Y así fue, como un señor con un palillo en la boca a manera de cigarrillo, al estilo argento luego de morfarse un asado, exclama:

–  ¡Qué equipo! Nunca hubo, ni volverá a haber un jugador como Messi.

Y cambiando el sitio del escarbadientes del lado izquierdo al lado derecho de la boca, dirige su mirada al Hotel.

– Hay oro en todo el equipo! Argentina no puede quedar afuera! – y ya se comenzaba a sentir el apoyo ecuatoriano que más tarde lo experimentaríamos dentro de la cancha.

Camisetas de river, boca, newls, colón, estudiantes, vélez fueron desempolvadas de las mochilas de viajeros que andaban por ahí, identificando y representando una sola Patria, sin importar el color. No estoy segura si la mayor adrenalina era alentar a la selección, o compartir costumbres que se extrañan, y/o reunirse en un evento tan socializador con personas que sienten la misma Pasión con “P” mayúscula. La gran mayoría que estábamos allí, éramos viajeros fuera del país durante parecía hacer tiempo, y el amor por el país y las tradiciones Argentinas, se sentían a flor de piel.

Observen cada cara en la foto, cada color de camiseta, cada gesto de quienes tienen Pasión por algo!!

– Pongamos pa´la vaquita! – se escucha por ahí.

Cajas de vino toro y cervezas era lo que faltaba en esta previa para continuar tronando las gargantas. Una bandera gigante se desplegó y debajo, compatriotas saltando, cantando, empujando, sudados y empapados en ese líquido berreta pero necesario para tal ocasión.

Las Islas Malvinas, los Ingleses, los Chilenos y los Brasileros no faltaron en cada canción. El fútbol que todo lo une y todo lo separa. Ese fanatismo argentino que así de tajante es. O ama a la selección que alienta hasta morir u odia a la selección y la insulta. Y caigo en la cuenta, cuando escucho a un niño ecuatoriano exclamando que Messi no tiene que jugar para Argentina, porque ellos son malos y les dicen cosas feas! (palabras exacta del niño).

En el ojo mundial está el fútbol y el agite de la hinchada argentina, por eso muchos extranjeros que paseaban por Quito no perdieron la oportunidad de presenciar, aunque sea una vez en sus vidas, esa sensación.

– 15hs en la plaza Argentina! – Gritan a viva voz, avisando el lugar de encuentro para la previa (así es, una plaza en Quito con el nombre de nuestro país).

Como buenos Argentinos, las reuniones sociales y las invitaciones multitudinarias no tardan en aparecer.

 

La comunidad kombiera y viajera esperando a la celeste y blanca en el Parque la Carolina. Como siempre les contamos, nunca estamos solos!!!

 

10 de octubre: 15 p.m. (obvio que no faltamos a la previa)

La previa sería una inyección de adrenalina, entre ronda de fernet en jarra, vino toro en caja (rebajado con coca o sprite en caso de ser vino blanco), y la caja cortada que serviría como vaso. Y mano a mano se irían pasando las cajas de vino y las jarras de fernet. Conservadoras hasta el tope. Policías alertas presas del pánico de tener la “hinchada argentina” en su casa. “Chapas” (jerga para dirigirse a los policías en Ecuador) merodeando y rodeando la plaza Argentina. Es prohibido tomar en las calles, pero nadie decía nada. Como si de un pacto se tratase, con el jefe de la barra brava, un hombre panzón y peludo, que escupía al hablar, con tatujes y cicatrices en su cuerpo (marca registrada de que tenía tantas riñas como partidos de fútbol), que se sacaba la remera para revolearla y cantar: Vamos che! Canten pechos fríos!

 

Hasta el vino toro en caja sabe bien cuando hay partido de por medio.

 

Una canasta llena de tortas fritas circulaba en pedido de ayuda para conseguir los últimos “manguitos” que les faltaba para conseguir su entrada ¿Viviríamos algo más argento que esto en nuestro viaje? Por ahora podemos decir que no.

Marchando hacia la cancha en patota, agitando y cantando, los pocos o muchos argentinos que estábamos allí se hacían sentir. Personas de traje saliendo de oficinas aceptaban un trago de vino en caja o un poco de fernet (post fruncida de cara ante la amargura del trago) y gritaban “Messi”! o “Vamos Argentina”! elevando el dedo pulgar en señal de aprobación.

 

10 de octubre: 18:30 p.m.

Un primer minuto fatal. La hinchada se silenció. Las gargantas dejaron de cantar. Las manos se agarraban las cabezas en posición incrédula. Gol ecuatoriano. Ecuador estaba ganando. Ellos inflando el pecho, agrandándose. No era para menos. Nosotros achicándonos, como cuando un niño se dirige al rincón ofendido porque sus padres le dijeron algo que no quería escuchar.

Aparece enloquecido este hombre panzón y peludo, envuelto en llamas. Agitando, saltando y revoleando su cerveza para la tribuna. Sinceramente no sé cuál es la función de estas barras bravas, pero la de mirar el partido seguro que no, porque les juro que durante los 90 minutos estuvo de espaldas al campo de juego, agarrado a su vaso de cerveza con una mano y al alambrado con la otra. Cantaba y gritaba, y si nos callábamos (porque no hay cuerpo que aguante) una sartenada de insultos, como una avalancha, descargaba sobre nosotros.

Alivio Argentino con el primer gol de Messi. La tribuna resucitó. Y luego vino el segundo. También de Messi. El cuerpo pedía pido, un break, un descanso, pero las voces argentinas y la excitación se volvieron a encender. Lucho me abrazaba, me alzaba, sus ojos brillaban, mientras me decía:

– Estoy cumpliendo un sueño! Ahora falta el tercero de Messi de este lado del arco. –

Y así fue, tal como lo pidió. Un tercer golazo, de Messi y del lado del arco donde nos encontrábamos detrás, luciendo su gambeta, su habilidad, deleitando a todos los argentinos que allí nos encontrábamos reunidos, definiendo el partido, y colocando a la celeste y blanca en el Mundial 2018.

3 a 1 terminó. Hacer una crítica sobre el partido, hablar sobre el juego y jugadores y emitir opinión alguna sobre fútbol (sin tanto conocimiento en mi caso), sería meterme en un campo de espinas y rosetas. Así que mejor me limito a describir cómo observé cada situación, cómo la vieron mis ojos y en qué mi mirada se asentó. Un partido que finalizó con vasos revoleados por los cielos, cervezas salpicando, una selección que se lució y una hinchada que no paraba de agitar. Un juego espectacular, algo que llena el corazón y que la hinchada agradece.

El Estadio Olímpico Atahualpa entero, gritando Messi, Messi, Messi, Messi, Messi y balanceándose con las manos hacia el piso, en gesto de devoción, rindiéndole culto, tal cual a un Dios. Una hinchada ecuatoriana dócil y pacífica, que en los últimos minutos ovacionaba a Messi. Un estadio entero de camisetas amarillas aclamando al 10. Todos iban a verlo a él, a su show, a su talento, independientemente de la camiseta que calzara. Algo digno de admirar… ¿Te imaginás a un argentino ovacionando el talento de Ronaldo? Imposible.

No había choris a la salida, pero había salchipapas y muchos ecuatorianos felicitándonos. No hubo disturbios. Todos estaban felices. El argentino, porque había ganado y el ecuatoriano porque había disfrutado del show. Final feliz.  

 

El Estadio Olímpico Atahualpa con nubes amenazadoras antes del comienzo del partido. Vale destacar que en Quito, durante la temporada de lluvia (estábamos en ella), todos los días llueve por la tarde religiosamente. Este día no, solo amenazó. 

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