0
InDIARIO DE VIAJE, NICARAGUA

NICARAGUA POR UNA SEMANA

El paso por Nicaragua sería fugaz (por la situación que había atravesado el país hacía unos meses), y la resaca que aún podía continuar. Pero no pudimos hacerlo tan breve (aunque para nuestro andar lo fue) y te contamos día a día lo que hicimos. Por cierto, Nicaragua es un país exuberante, de naturaleza excéntrica, con gente amable que está esperando a los turistas con los brazos abiertos para atenderlo y, además, más económico que otros países de Centroamérica (como Panamá o Costa Rica).

DÍA 1

Después de varios días despidiéndonos de las tranquilas playas de Costa Rica (les recomendamos Guanacaste para acampar y dormir pegado al mar, solo calcula los horarios de la marea alta para que no te agarre desprevenido y termines naufragando en la mitad de la noche), cruzamos a Nicaragua por la frontera de Peñas Blancas tras pagar unos usd 55 por todos los trámites: usd 8 cada uno para salir de Costa Rica, usd 12 cada uno para entrar a Nicaragua, usd 3 de fumigación de la kombi y usd 12 del seguro vehicular mensual.

El señor de migraciones, tras querer corromper nuestra entrada preguntándonos si veníamos a dar la vuelta (¿?) nos intenta llevar a un cuarto. Al darnos cuenta, le dijimos que queríamos cruzar el país, que no entendíamos de qué vuelta estaba hablando. “-Ah! ¿Ustedes no vuelven a Costa Rica? Entonces nuestra Ley dice que en 5 días deben cruzar el país entero – nos señala”. En voz baja y llamándonos a un costado de la ventanilla nos pregunta: “-¿Cuánta plata traen? ¿Cuáles son sus profesiones? ¿Qué países han recorrido?” Anotando todo de manera desprolija y bestial en un papel. 

“-Señor, esta es la solicitud que nos aprobaron Viajamos lento y necesitaríamos más de 5 días para cruzar.” (Si quieres agilizar trámites para ingresar a Nicaragua, puedes entrar a la página y llenar el formulario unos 5 días antes). 

Esa mañana había hecho mi práctica de Yoga antes de salir, y en mi mantra e intención del día repetía “Todo es fácil, tranquilo y seguro”. Este señor podría estar equivocado. Con el papel de la solicitud, que según él no servía para nada, y nuestros pasaportes se fue a un cuarto. Regresó con los pasaportes sellados por 90 días.

Todos querían revisar la kombi pero nadie tenía una credencial. La revisó un señor que sólo se fijó en el Ron “Flor de caña”, regalo de cumpleaños de personas que conocimos en el camino, que está casi intacto, y que según él no le duraría ni un día.

Cambiamos algunos dólares por córdoba (la moneda nicaragüense), compramos semillas de marañón (conocidas como castañas de cajú), festejamos, preparamos el mate y partimos hacia San Juan del Sur.

Era sábado por la noche cuando llegamos y fue un grave error quedarnos a dormir allí. Es un pueblo de surfistas y de fiesta. En realidad queríamos un poco de movimiento después de varios días solos acampando en el medio de la nada, festejar  de estar en el país número 10 con una cerveza local Victoria o Toña, pero la calidad del sueño es más importante que la fiesta.

Intentamos dormir en el malecón, pero estaban armando una bailanta, con luces, micrófonos y música a todo volumen. Nos duchamos en una esquina con varios espectadores, comimos arroz con huevo y partimos en busca de otro lugar. Estacionamos frente a un hostel, en una calle supuestamente más tranquila y segura porque la policía rondaba toda la noche. No pasó ni una sola vez. Un borracho gritando a viva voz, otro pidiéndole 200 córdobas a alguien para “la pasta”, otro pateando botellas, y para coronarla un grupo corriendo picadas en motocross. Ni hablar del calor que pasamos. Como no nos sentimos tan seguros, no abrimos la puerta de atrás como de costumbre, y pasamos la noche encerrados. Dije bien, fue solo pasar la noche, porque de dormir ni hablar.

DÍA 2

“-Vayámonos de acá!” Con caras de “ni me hables” a las 6 a.m. estábamos con motor en marcha. Nos fuimos a 10 km. de San Juan, a Playa Madera. Nos topamos con un camino de piedras sueltas, lleno de pozos y pendientes que no sabríamos si subiríamos de regreso. Intentamos volver marcha atrás, pero la kombi comenzó a patinar. Resultó imposible. Resignados bajamos y desayunamos. Ya resolveríamos cómo regresar (en el peor de los casos habíamos visto varias camionetas 4 x4 para que nos tiren).

En Playa Madera, nos topamos con un venezolano que nos cambió la ruta. Nos habla de la Isla Ometepe, de la cascada de San Ramón y de Ojo de Agua. Yo había oído y quería ir, pero Lucho no, porque según él, quiero ir a todas las islas que se me cruzan en el camino. Pero en el medio de la ruta cambia de opinión y el próximo destino sería la isla. Busco ferozmente datos de cómo cruzar, qué hacer, precios y la situación socio-política. En el GPS coloco San Jorge de Rivas, el pueblo portuario para tomar el ferry a la isla. A las 17 hs salía uno, pero llegaríamos de noche y teníamos que manejar 12 kms hasta el pueblo más cercano. Nos decidimos y partimos!

El “Rey Cocibolca” es el ferry más económico porque no le cobra al conductor. Sólo pagan los acompañantes, 50 córdobas (casi usd2), 82,50 (casi usd 3) de impuesto portuario, usd 1 cada uno para ingresar al puerto y 450 córdobas la kombi (usd14).

Arriba del ferry nos tele-transportamos a los años 50. Muy limpio y cuidado, pero bien viejo. Unos bombillos de colores colgados como banderines prendieron ni bien se puso el sol. Música romántica salía de megáfonos y sonaba distante, recordándome a mi abuelo cuando ponía la fonola y el disco estaba un poco sucio.

Un señor regordete con los dientes enchapados de color dorado se sienta y nos conversa. “-Eso que pasan en las redes, solo asusta. Vino una argentina que estuvo en Colombia y le pregunté si era peligroso. Ella me dijo que no, que la gente es muy cariñosa y amable. Me comentó que por otros países dicen lo mismo de Nicaragua, que somos peligrosos. Yo saco la conclusión que para saber cómo es un país tienes que ir, y mirarlo con tus propios ojos.– Nos dice, y nos deja pensando.”

Desembarcamos de esta mini luna de miel, y manejamos 12 kms hasta Alta Gracia, para dormir en una estación de servicio. Esa noche pudimos descansar.

DÍA 3

Tras un desayuno con mucha papaya (la más pequeña en Nicaragua pesa unos 5 kg) fuimos a la cascada de San Ramón. Nos cruzamos con un grupo y su guía, quien corta una hoja de Santa María, un repelente natural. “-A los mosquitos no les gusta este olor. Te pasas la hoja por el cuerpo y listo!-. Nos cuenta.”

3 kilómetros de subida, 1 hs y media de un camino que se desdibuja por partes. Una manada de monos aulladores, una serpiente y varias mariposas azules nos acompañaron. La cascada brota a unos 100 mts de alto, pero cae en forma de lluvia, formando una laguna con arco iris incluido. Nos metimos, nos limpiamos el alma (dicen que cuando el agua es fría sirve para purificación), hicimos pic nic (pan, tomate y atún) y regresamos.

Nos llamó la atención el complejo tan prolijo y cuidado pero vacío. “-Los turistas no vienen. Estamos en temporada alta pero sólo hay un 5% de ocupación. Esperamos que esto mejore, sino nos quedamos sin trabajo -nos cuenta el guardia.”

Dormimos otra noche en la estación de servicio, donde la gasolina es bastante más cara que en el continente.

DÍA 4

Encontramos un lugar con clases de Yoga todos los días a las 7 a.m. Quise participar, así que bien tempranito partimos de la estación de servicio a la Finca El Zopilote. Al final de la clase me invitaron al ritual del cacao y un tour de permacultura al día siguiente (así que decidimos quedarnos un día más).

Ya bien relajada después de la clase y la meditación, nos fuimos para Ojo de Agua. Un lugar de aguas de origen volcánico con propiedades medicinales. Según dicen rejuvenece, hidrata la piel y libera estrés. Pero antes de darnos un chapuzón, hicimos una caminata de 30 minutos por un sendero que atraviesa un cultivo de plátanos. Una vez más el sendero no estaba bien marcado porque ya no hay turistas, nos perdimos, nos metimos en el medio de unos matorrales para encontrar la salida, denso y con un calor insoportable, sólo rogábamos no pisar una víbora.

Nos invitaron a dormir allí mismo, pero antes nos fuimos a ver el atardecer a la punta Jesús María.

Al regresar, un guardia con metralleta colgada en su espalda, nos estaba esperando. Dormimos con todo abierto. Fresquitos y tranquilos.

DÍA 5

Este día me la pasé dentro de la Finca El Zopilote. A las 7 a.m. Yoga, a las 9:30 a.m. un tour de permacultura y a las 16 hs. una ceremonia del cacao. La finca tiene varias actividades gratis y abierta a todo público. También un programa de voluntariado a cambio de comida y alojamiento donde podrás aprender sobre permacultura. El dueño pretende con este tour dar a conocer estas prácticas de sustentabilidad, para el cuidado del medio ambiente. La mejor forma de aprender: estando ahí con él, trabajando la tierra. Hay libros y mucha gente interesada en este movimiento. Ver y hacer un pedacito del temascal con barro, arena y excremento, fue una forma de acercarme a esta forma de construcción. 

A las 16 hs todo estaba dispuesto para la ceremonia del cacao. Habían preparado la bebida a base de granos de cacao tal cual la preparaban los Mayas. Amarga y picante. Caradamomo, jengibre, coco, cúrcuma, pimienta, canela se olían y se sentían en la boca.

Vasijas de barro se pasaban de mano en mano desprendiendo su aroma afrodisíaco. En el centro del altar una corona de flores, aparentando una mandala, el círculo de la vida. Alrededor nos sentamos nosotros, en círculo también, sobre los mismos mat de Yoga usados en la mañana, hechos de hojas de plátano enrollados y cocidos a mano (la permacultura está presente en cada rincón de la finca, no se les escapa detalle).

DÍA 6

Regresamos de Ometepe tomando el mismo ferry “Rey Cocibolca” desde San José del Sur, y continuamos hacia Granada, una ciudad colonial. En algún momento recibió cientos de turistas, pero ahora está vacía. Calles adoquinadas llenas de mesas y sillas de bares esperando al turista que no llega. Colorida ciudad donde abundan los vendedores que no saben a quién vender. Promociones 2 x 1 en todo: en café, en cerveza, en los platos de comida, en los tours. La plaza principal está en reparación, producto de los desastres provocados en las manifestaciones meses atrás. En el súper express los empleados nos cuentan del toque de queda, donde a las 18 horas nadie podía andar en las calles si querían continuar con vida. Y estamos hablando de hace unos meses atrás.

Probamos vigorón en la plaza, quesillo de un carrito y manuelita que una mamá e hija tímidamente nos ofrecían. El primero es el plato típico, con repollo, chicharrón (piel de cerdo frita) y yuca entregados en hojas verdes de plátanos. El segundo, tortilla de maíz blanco con queso, cebolla y leche agria (parecido al cuajo o queso crema) y el tercero, parecido a una crepa (o panqueque para los Argentinos) con queso, azúcar y canela.

Continuamos rumbo al Masaya, un volcán activo a unos 20 kms. de Granada. Ingresamos en el primer turno de la noche, a las 17 hs, para ver el contraste de día y de noche. Pagas usd 10 (si vas en el día pagas usd2) pero lo aprecias de diferentes maneras. De día, se ve el cráter escalonado con un orifico más pequeño. De noche esa lava se ve encendida, rugiendo como un mar embravecido, cambiando de colores, de intensidad. Por momentos quieta y por momentos parecía que haría estallar el volcán entero. Recordé mi infancia, cuando quería ser vulcanóloga, y me iba a la biblioteca frente a mi casa a estudiar los volcanes (sí ya sé, siempre fui muy nerd). Nunca pensé que era posible ver uno.

DÍA 7

Rumbo a Guasaule, la frontera con Honduras, nos perdimos en un camino de 30 kms de tierra y piedras donde la kombi quedaba colgada. El calor resultaba insoportable. Era el desierto mismo. Todo por evitar la capital, Managuas, que según dicen, aún está difícil la situación.

Paramos a dormir 5 kms. antes de la frontera, en Somotillo, en un parqueadero de camiones. En estos lugares es difícil dormir profundo como lo haríamos en el medio de la naturaleza. Pero no teníamos muchas opciones. El encargado nos advirtió que a los “muchachos” les gusta escuchar música y que estaba permitido hasta la medianoche. Le dijimos que nosotros nos acostamos temprano y nos ubicó lejos. Pero no fue suficiente. Luego de un par de horas de no dormir, pusimos la kombi en marcha para dirigirnos a la esquina más retirada de todo el parqueadero.

Tras un baño de ducha fría, sin luz y con puerta de bolsa de plástico rozándote la espalda, quisimos ir al restaurante iluminado con luces navideñas, arbolito y banderines, y vivir un poco la vida de esos camioneros. Escuchar música de rokcola por unas monedas, lentos y románticos, videos musicales subidos de tonos y despedirnos de Nicaragua con una Toña, la cerveza local.

2

You may also like

2 Comments

  • maletascompartidas

    Súper útil este artículo! Vamos para Nicaragua, ya mandamos el formulario, gracias por la info!!
    🙂

    junio 22, 2019 at 7:45 pm Reply
    • Viajá y Reíte

      Que bueno que les haya servido la info!!! Esperamos verlos pronto amigos!! Abrazo grande y que las rutas nos encuentren!

      junio 23, 2019 at 5:10 pm Reply

    Dejá una respuesta