InDIARIO DE VIAJE, PREGUNTAS FRECUENTES

¿SON MECÁNICOS?

Claro que NO, y ni siquiera teníamos idea de cómo cambiar el aceite de un vehículo, ni conocíamos las partes de un motor. Recuerdo la primera vez que la kombi se paró de la nada en el medio de la ruta. Fue en Brasil, a solo unos kilómetros de haber salido. Logramos llegar a la banquina, sacamos un banquito de madera, un libro fotocopiado (la biblia de todo kombinauta) titulado “El Manual para idiotas de Volkswagen”, abrimos la tapa del motor y empezamos a leer e ir descubriendo sus partes.

Aunque sabíamos que no lograríamos arreglar nada, entendimos que cada vez que se rompía, si teníamos predisposición, lograríamos aprender. Siendo mujer, ahora sé lo que es una bobina, identifico la tapa del distribuidor, los carburadores (nuestra kombi es de doble carburación) y la bomba de gasolina. Estuve con la cabeza metida ahí dentro, tantas veces que algo me tocó aprender. Ni hablar de Lucho, quien ahora es el que le cambia el aceite, el corazón de la kombi, ajusta las válvulas y le hace el mantenimiento que le corresponde cada x cantidad de kilómetros. Como no anda el medidor de kilometraje, llevamos la cuenta con papel y lapicera, a la vieja usanza. Aprendimos a escucharla, olerla y sentirla.

Se fundió el motor en Bolivia (si quieres leer cómo se rompió y qué hicimos leé la nota completa!) y vivimos 10 días en un mecánico. Le cortamos el techo a la kombi y vivimos otro tanto de un mecánico en México. Después de todo, conocemos bastante la vida de un mecánico, pero no lo somos. La misma necesidad, nos enseña a hacer las cosas nosotros mismos. Por ejemplo el mantenimiento, un techo nuevo, hacerle chapa y pintura, podría costarnos el dinero de varios meses de nuestro presupuesto en este estilo de vida. Tiempo para aprender, confianza y creatividad son los ingredientes para arremangarte y hacerlo tú mismo. Vale la pena. Al margen del dinero que se ahorra, es otra la sensación de satisfacción. Ese orgullo de “lo hice con mis propias manos”.

 

Si tienes miedo de salir a la ruta por no saber nada de mecánica, no te preocupes, con el tiempo aprenderás. No hay nada que con la práctica no se aprenda.

 

La mecánica de la kombi es fácil. No hay nada eléctrico, todos los repuestos se consiguen, son muy económicos y algo “atado con alambre” te puede salvar hasta conseguir una solución más correcta. La kombi nunca te deja a pie. Hay una comunidad de fanáticos alrededor del mundo que se convierten en tu familia. En todos los países de Latinoamérica hay clubes de kombi en los que puedes apoyarte. No solo por la cuestión mecánica, sino agua, ducha, y lo que necesites. Así como la kombi, nunca te abandonarán.

Le hemos bajado el motor solo una vez, y porque ya no quedaba opción (en Bolivia, cuando se fundió). Cada vez que alguien nos dice que hay que bajarlo, lo pensamos 10 veces. Hay una obsesión con bajar el motor, que para nosotros no es necesaria. El resto fueron cosas más simples. Se cortó el cable del embrague, se quemaron bujías, rotores y se desoldaron partes. Todo se soluciona. Necesitas paciencia.

Con el correr del tiempo, llegas a conocerla tan bien, como la palma de tu mano. Cualquier ruido extraño u olor hará que le eches el ojo y no necesitarás llegar a que se rompa algo para detectar el problema y actuar. Necesitarás sentir el acelerador, el embrague, la palanca de cambios, el volante. Y no es joda. Agudizarás todos tus sentidos, porque cuando más la conozcas, menos problemas tendrás.

 

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