0
InCUBA, DIARIO DE VIAJE

CUBA TRIP N° 2: La Habana – Cienfuegos – Trinidad – Santa Clara

Después de conocer el occidente de Cuba en un viaje de 2 días y 1 noche (te dejamos la nota completa del trip La Habana – Viñales), nos fuimos para el oriente, lo más conocido por todo el mundo. Pasamos una noche en cada ciudad, anduvimos en transportes de los más diversos, fuimos al teatro, caminamos varios kilómetros por día, dormimos poco y conocimos mucho. Te contamos en la nota sobre precios, lugares que conocer y cómo hacerlo si tienes poco presupuesto (aunque obviamente también sirve si tienes más para gastar).

CIENFUEGOS

El camión de Viñales a Pinar del Río (10 CUP) nos dejó frente a la terminal y de allí agarramos una máquina a La Habana (5 CUC). Era pasado el mediodía cuando llegamos a la capital y no había muchas opciones para seguir nuestro camino hacia Cienfuegos (recuerden que, si quieren pagar barato, los camiones salen desde las 5 a.m. hasta el mediodía). Al final nos tomamos un taxi compartido por 12 CUC cada uno, el más caro de todo el viaje, en el que demoramos unas 4 horas (son 250 kilómetros de La Habana a Cienfuegos).

Encontramos alojamiento enseguida, un cuarto de una casa de familia por 8 CUC los dos. Al rato ya estábamos en la calle otra vez para recorrer la ciudad. Nos habían advertido de antemano de unos tales “Jineteros”, que son personas que se te pegan a los talones queriéndote “ayudar”, dándote información de alojamiento, restaurantes, lugares que visitar, y luego te piden dinero. Lo resolvimos diciendo “No, gracias”, cuando alguien se acercaba, y era suficiente para alejarlos.

Cienfuegos, la Perla del sur de Cuba como la llaman, se caracteriza por edificios coloniales. Una mezcla de arquitectura europea con espíritu caribeño.

Empezamos el recorrido por el Paseo del Prado. Comimos unas pizas y entramos a la famosa heladería nacional “Coppelia” conocida como la “Catedral del Helado”; una idea de Fidel que surgió con el fin de producir más sabores que las grandes cadenas estadounidenses, pero hoy lejos está. Tenía 2 sabores y una fila larga de personas esperando. Los precios son tan bajos que por usd 1 puedes comerte 25 bochas de helado!!

Seguimos nuestro paseo hasta el Malecón, llamado también Malecón de Punta Gorda, justo cuando el sol caía. Y llegamos al Parque José Martí donde decenas de bancos estaban dispuestos uno al lado del otro. Te invitaba a sentar y conversar, y de paso descansar.

Los carteles de la Revolución están en cada esquina, negocio o plaza. Siempre presente su pasado.

TRINIDAD

Para llegar de Cienfuegos a Trinidad fuimos a la terminal, juntamos varios viajeros y llenamos un taxi compartido, que nos salió lo mismo que el Vía Azul (6 cuc). Pero en vez de viajar solos en una butaca fría sin nada de aventura, era un auto clásico, con el conductor relatándonos historias de Cuba y un compañero chino al que convencimos sumarse al viaje.

Taxi compartido: un auto de los 50. Al dueño le ofertaron mucho dinero para comprárselo, pero el le respondió : ¿Y quién garantizará los frijoles para mi casa? Pues su auto, es el sustento para la familia.

En el mismo día, luego de conseguir alojamiento, nos fuimos a Playa Ancón. Queda a unos 12 kms. Fuimos en carro compartido por 4 CUC cada uno ida y vuelta (lo mismo sale alquilar una bicicleta, pero nos llevaría más tiempo y energías, y no lo teníamos). La playa paradisíaca y amplia, sin sargazo, de agua caribeña y arenas blancas. Pasamos el día relajándonos y aprovechamos a descansar bajo las palapas (sombrillas de palma), que en Cuba son gratis.

A la tardecita salimos a caminar por calles empedradas y casas coloridas. Una ciudad colonial, donde pasean carruajes tirados a caballos para todo turista que quiera un paseo, obviamente por algunos dólares. Es una de las ciudades más bonitas de Cuba, recordándonos a Antigua en Guatemala, Cuzco en Perú y Paraty en Brasil.

Carruajes de paseo turístico.

No visitamos ningún lugar especial de Trinidad, solo nos dejamos guiar por su belleza y callejoneamos hasta quedar rendidos. Paramos a comprar un dulce típico, una barra de mantequilla, y nos detuvimos largo rato frente a la plaza mayor. Había artistas reunidos con un proyecto cultural comunitario de música, literatura y artes plásticas. Me saco el sombrero con la cantidad de personas que encontramos en Cuba que crean algo de la nada, con lo que tienen y pueden. Como el que arregla carros sin herramientas ni repuestos, el pintor sin materiales o la cocinera solo con plátanos y frijoles. La verdad no sabemos si son grandes creadores fruto de su necesidad o porque están muy conectados con lo que hacen, sin distracciones como el televisor o celular.

Nos quedamos conversando con cada uno mientras Luis, un escritor, sacó una hoja y un papel y comenzó a escribir sobre nuestra historia y nuestro pueblo. Podríamos decir que pocos conocen Adelia María (ni siquiera en Argentina). Luis, el poeta de la isla, contextualizó a la perfección el pueblo como si lo conociera. Suponemos que habrá leído algo, o hablado con algún extranjero, que son su ventana al mundo.

SANTA CLARA

De Trinidad a Santa Clara, nos tomamos un Vía Azul, por 8 CUC cada uno. Al llegar, la terminal estaba llena de personas ofreciéndonos casa, pero preferimos salir de esa multitud y patear la ciudad a gusto y piachere. Ya en el centro, Lucho se queda con las mochilas y yo me dedico a tocar puertas en busca de cama. En una me dicen que la están arreglando y veo un agujero en el suelo, pero me lleva del primo. Abre la puerta un muchacho simpático, moreno, de ojos claros y me dice “Tú eres la chica de la terminal, la del mango en la mano!” Ahí nos quedamos.

Miguel tiene 28 años y es Licenciado en turismo (la mayoría de los cubanos son profesionales). Trabajó durante 5 años en un Hotel Resort como mesero y terminó como Jefe de Alimentos y Bebidas, aunque hubiera preferido ser mesero (por las propinas). Como Jefe tenía más responsabilidades y horas de trabajo por un salario de usd 24. Salía a las 3 a.m. de su casa para llegar a Los Cayos Santa María y regresaba por la noche. Lo que sorprende de esta historia, es que los huéspedes pagan usd 200 por una cena y los wiskys van de usd 500 a usd 1200. Nos preguntamos en qué arte de Cuba queda circulando todo ese dinero, si a ellos le pagan chauchas y chirolas. Hace un año dejó su empleo, y renta 2 cuartos de su casa logrando estar más tiempo con su familia.

Santa Clara fue una ciudad revolucionaria, donde muchos artistas llegaban (y llegan) a inspirarse. Y la verdad es que se respira ese ambiente bohemio y relajado, con jóvenes universitarios llenos de ideales.

Fuimos al famoso Monumento de la toma del tren Blindado. Ese que bajo las órdenes del “Che” Guevara, descarrilaron, atacaron y tomaron.


El 28 de Diciembre de 1958 un pelotón de hombres bajo las órdenes y la participación del “Che”, tomaron el tren con una dotación de hombres del gobierno oficial y armamentos. GLORIA A LOS HÉROES, dice el monumento en Santa Clara, Cuba.

Si te acercas un poco más, la estatua tiene muchos niños pequeños y hasta un libro en e bolsillo, representando los valores y renuncias del Che para ser un revolucionario.

Seguimos rumbo a la conocida estatua del “Che y el niño”, bastante más pequeña de lo que imaginábamos y paramos a relajarnos en “El Mejunje”, un centro cultural alternativo, lleno de estudiantes y graduados, pinturas y arte, merengue y ron. Nos sentamos a compartir con unos bioquímicos acabados de llegar a su país, tras 2 años de vivir en Venezuela. Entre mojitos, nos contaban lo duro que fue estar lejos de Cuba la cual, a pesar de todo, aman y elijen.

El Mejunje, un bar alternativo lleno de arte, jóvenes, música, literatura y mojito, por supuesto. Cuba es arte.
Uno de los personajes del Mejunje con muuucha historia para contar. Mejor cuando lo cruces por ahí, pregúntale personalmente por dónde y en qué anduvo…

Dejamos “El Mejunje” y fuimos al “Mausoleo de Che”, donde están sus restos y la carta de renuncia de sus cargos en Cuba para seguir con la revolución en otros países. Un revolucionario de sangre, sin importar las fronteras.

Desde la llegada al país, aún no dábamos noticias a nuestras familias así que decidimos hacerlo. Compramos una tarjeta por 1 CUC que equivale a 1 hs de internet (bastante lento, así que olvídate de un 4G o de subir fotos y videos). Se compran en las casas de ETECSA, que según un personaje local significa “Estamos tratando de estar comunicados sin apuros”. Así que paciencia.

Nos fuimos al punto de conexión, frente a la plaza principal, raspamos la tarjeta, ingresamos los números y navegamos un rato. La esquina estaba llena de chicos jóvenes haciendo lo mismo, pero acabada la hora de internet todos conversando y debatiendo. Tal como contamos en la guía de lo que necesitas saber antes de viajar a Cuba, para poder navegar un rato, además de comprar la tarjeta, debes ir a los puntos de conexión. En algunos alojamientos te dicen que tienen internet, pero en realidad lo que tienen es la señal para que puedas conectarte, previa adquisición de tarjeta.

Como tenemos un solo un teléfono para los 2, dejé a Lucho watsapear y me fui a curiosear el Teatro La Caridad, declarado Monumento Nacional. Habría una función gratis. No dudé en ir corriendo a buscarlo y cuando quisimos entrar, el señor de la puerta le dijo que debía colocarse una campera. Revolví la mochila y encontré una que le quedaba tan ajustada que se transpiró completo. Decidió quedarse afuera, pero yo ni loca me perdía el show.

Vi un musical llamado “Patria”, con jóvenes talentosos que me dejaron con lágrimas en los ojos, porque expresaban lo que significa estar fuera de tu país, lejos de la familia, los amigos y las tradiciones, algo que muchas veces sentimos.

A la salida del teatro fuimos a comer pizas por $5 de moneda nacional cada una y un batido de mamey, una fruta rosa y espesa que de pensarla se me hace agua la boca.

LA HABANA

Salimos de Santa Clara rumbo a La Habana. Tomamos varios buses, digamos que hicimos botella como ellos le llaman y fue bastante agotador. A las 5: 40 a.m. empezó la odisea para llegar a las 15 hs. a la capital. Nueve horas para hacer 250 kilómetros.

Lo primero fue un camión con destino a Colón (por 45 CUP cada uno). Nos dejó en una esquina y caminamos unas cuadras hasta la terminal. Averiguamos si había algo para Matanzas. Salía una “guagua” en ese momento.

Corriendo fuimos a ver qué era esa “guagua” y vimos un bus bien moderno. Supusimos que era el transporte nacional, que nosotros no podemos subir. De todas formas, nos pusimos en la pelotonera de gente. La mayoría tenía un número en la mano, una mujer iba llamándolos y quienes no teníamos esperábamos al final. Si quedaban lugares, la suerte estaba de nuestro lado y pasábamos como cubanos, subiríamos. Lo mejor que podíamos hacer era no hablar. No pude descubrir el precio del boleto así que le di un billete de $100 moneda nacional por los 2 y me devuelve $50. Me miró confundido, supongo que por mi aspecto gringo, que de descendencia afro no tengo ni un pelo, pero lo dejó pasar y subimos entre todos cubanos.

Nos bajamos en la Terminal de Matanzas, donde había máquinas (carros antiguos) directos hasta La Habana, pero queríamos encontrar otra forma más económica.

Fuimos caminando a una rotonda donde pasaban los camiones, casi 2 kms de la terminal. Esperamos más de 2 horas junto a muchos locales. Buses vacíos pasaban frente a nosotros sin parar, al ver la multitud que éramos. “Los cubanos no sabemos hacer cola”, me dice una mulata de pelo afro. “Por eso no paran”. “Los choferes frenan si hay algún conocido. No tienen ganas de lidiar con la gente, que ante la desesperación corren y se amotinan en la puerta. Gana quien más empuja”, me termina de contar.

Terminamos de ir en lo que habíamos evitado: un carro antiguo, con aire acondicionado, muy lindo, pero al precio de turistas. Arreglamos por 3 CUC, aunque nos pareció raro porque cobran el doble. Al llegar a La Habana el señor nos cambió la bocha. “El precio que todos pagamos es de 5 CUC”, salió a defenderlo una tripulante que venía en el mismo carro. Nos enojamos mucho por la deshonestidad, porque nos dijo otro precio antes de subirnos (tal vez para convencernos). Pero estaban todos del lado del conductor. Si eres extranjero en Cuba, ya dan por sentado que tienes más que ellos.

Máquina se le llama a este medio de transporte de los años 50. La mayoría tiene motor modificado, aire acondicionado pero son carros para los turistas, porque el precio es bastante inflado.

Volvimos a la misma casa donde dormimos la primera noche, de Olga Zapata, y para agradecernos que los elegimos, el señor nos dio un dulce típico y el billete que tiene la cara del che Guevara.

Pasamos las últimas 3 noches en la capital de la isla, pero esta vez al ritmo viajero y no turista. Decidimos permanecer con ellos más tiempo (por eso decidimos saltearnos Varadero) y la magia sucedió. Esa noche nos esperaron con la cena, aún sin pedirles, y al día siguiente el almuerzo.

El alojamiento queda en la parte menos turística, alejada de las calles adoquinadas y la prolijidad del circo turístico. Más bien se transforman en calles rotas de tierra y escombros, bolsas de basura y olor a pis en las esquinas, pero más real. No es la famosa “Habana Vieja”, es “Centro Habana”. Son calles que tal vez en otros países daría escalofríos y pensaríamos que volveríamos sin mochilas. Pero la seguridad reina en toda la isla, los niños juegan en la calle hasta entrada la medianoche y vivimos la realidad de los cubanos, tal como deseábamos para entender un poco mejor. Bebimos ron en un bar del barrio, con mesas de mantel de hule, y comimos piza parados en la esquina.

Centro Habana no es lo mismo que Habana Vieja. Más real, sin tanto circo y lujo para el turismo. Mirando arriba se ve siempre rpa tendida, mirando abajo, cáscara de banana, escombros, bolsas, plástico, restos de comida y basura en general.

El primer día habíamos paseado por el Malecón y escuchamos el cañonazo de las 21 hs, así que era momento para otras actividades.

Día 1: caminamos por el Paseo del Prado, lugar de esparcimiento de los cubanos, donde siempre hay exposición de pinturas, arte, música y baile. Vimos el capitolio por fuera porque está en remodelación hace años, como muchos edificios.

Desde el Paseo del Prado se observa la vida de los cubanos desde sus balcones.

Día 2: fuimos a la Plaza de la Revolución y de ahí siguió una caminata larga. Pasamos frente a la Universidad de La Habana, una de las más viejas de América, paramos en una plaza con feria de libro (algo que topamos en muchos lugares y los precios para todo público) y bailamos al son de la salsa cubana, protagonizados por mujeres mayores alegres.

Día 3: intentamos subir a la terraza del Hotel Nacional para ver la ciudad desde lo alto, pero como era domingo estaba cerrada (de lunes a sábado ofrecen recorridos históricos desde el lobby a las 10 a.m.). De regreso pasamos por el edificio Focsa para tener la panorámica que queríamos, pero estaba en proceso de reparación (desde hace tiempo) así que tampoco pudimos subir.

Seguimos hacia el “Callejón de Hammel”, donde cada domingo se reúne la cultura afrocubana, con su música, sus bailes, sus creencias y tradiciones. No faltó la santería, propia de la religión Yoruba, que practica la gran mayoría de los cubanos, siguiendo el legado de sus ancestros

Puedes visitarlo cualquier día porque es un espacio abierto y gratuito, pero los domingos a las 12 el callejón tiene vida propia con el show en vivo de talentosos músicos y bailarines, al son de la percusión y el baile. Algo digno de admirar, conocer, vivir y sentir la experiencia Yoruba.

A la tarde seguimos pateando la ciudad y nos metimos al Hotel Parque Central (en todos los hoteles que entramos, lo hicimos con la confianza de que conocíamos el lugar, pinta de turista teníamos y nadie preguntó nada), subimos al ascensor, apretamos el botón de la terraza y pudimos conocer la Habana desde lo alto.

Conocimos la Bodeguita del Medio, famosa por haber recibido célebres figuras como Salvador Allende o Heminguey, caminamos por la Habana Vieja, entramos a tantas galerías de arte como encontrábamos y tomamos mates frente a lujosos restaurantes. Como era nuestro último día, descansamos de tanto caminar en un bar y nos deleitamos con mojitos y daiquiris. Lucho saboreó uno de los Habanos conseguidos en Viñales, tachando de la lista todo lo que queríamos hacer en Cuba. Regresamos a la casa por el Malecón y disfrutamos las últimas pizas, de esas que nos acompañaron toda la estadía por Cuba.

0

You may also like

Dejá una respuesta