InDIARIO DE VIAJE, VIAJE AL INTERIOR

VIPASSANA: VIAJE DE MEDITACIÓN Y SILENCIO (¿lo conseguiré?)

Desde que empecé a escuchar la palabra Vipassana de la mano de otros viajeros quise conocer más. Además me hablaron que se trataba de meditación y ya me habían afirmado que meditar a diario era un hábito que generaba un impacto muy profundo en la vida y te ayudaba en el día a día, así que quería darle una oportunidad.

En realidad, cuando me enteré que el primer curso era de 10 días de pura meditación y silencio, lo confieso, tuve bastante miedo de frustrarme y no conseguir quedarme quieta. Aunque me gusta el silencio y suponía que eso no me sería tan difícil, no consigo inmovilizar mis partes físicas. Lo admito, me cuesta.

Averigüé y leí que Vipassana significa ver las cosas tal y como son, y es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India, que enseñan en centros alrededor de todo el mundo. Generalmente se encuentran cerca de las grandes capitales y ciudades, donde se “supone” que el nivel de estrés de las personas es bastante elevado.

En Argentina por ejemplo hay 2 centros de meditación Vipassana: uno en Capilla del Monte, a 90 km. de Córdoba capital, y el otro en Brandsen, a 70 km. de Buenos Aires. Pero hay por todo Europa, Asia, y donde te imagines, dictados en el idioma del lugar y en inglés (algunas compañeras lo habían hecho por primera vez en Tailandia en inglés).

Consigo que me acepten en un centro de Capilla del Monte, Córdoba, Argentina, a los días de nuestra llegada. Habíamos estado fuera del país por más de un año y medio y en el momento de llegar, con toda la euforia de bienvenidas y recibidas y una cadena de emociones, volvería a partir 10 días a un lugar aislada, sin celular, ni absolutamente nada de comunicación con el exterior. Estaba loca, según mi entorno.

Había aplicado para participar en Costa Rica y en México, pero siempre el curso de mujeres estaba lleno, se ve que andamos con más problemas que los hombres, porque en el de ellos siempre hay lugar. Ah! No les conté? Los cupos son limitados dependiendo la capacidad del centro, y gratuitos.

En realidad, a donación (así es como se sustentan los centros) pero hasta que no finalices un curso entero de 10 días completos (10 noches, 11 días) no aceptan ninguna dádiva. Hombres y mujeres duermen, comen y hasta tienen el patio separado, hay segregación de sexo digamos. Es una de las normas. No se puede llevar libro, ni cuaderno, ni nada que aparte de la mente de ese viaje interno (hacer trampa sería un poco estúpido no?).

MI EXPERIENCIA

Intenté explicarle a mi familia que me iba 10 días a un retiro (donde no hablaría con nadie) y ante su sorpresa me tomé un bus desde el pueblo (Adelia María) a Córdoba capital, de ahí a Alta Gracia y mi vida nómade continuaba. Nos encontramos con desconocidos, entre ellos un alemán alto y barbudo, una profe de Yoga y una chica que lo había dejado todo para salir a viajar, y su viaje comenzaba confinada en un lugar sin hablar por 10 días, una prueba para afrontar las que se le venían en la vida de viaje.

Llegamos a una casa de campo en el medio del bosque de Capilla del Monte, alejada del pueblo y del más mínimo contacto con la civilización, nos inscribimos y enseguida comenzó el mutismo que duró por 9 noches, pues el día 10 nos permitieron hablar para que el impacto cuando salgamos al exterior, no sea tan grande, pero las palabras se nos habían ido, al menos a las mujeres, pues los hombres increíblemente conversaban frenéticamente, mientras que nosotras estábamos tan bien sin ruidos, que pretendíamos seguir así.

El día de llegada fue el único que cenamos. A las nueve de la noche tomamos una sopa y a dormir. El resto de los días teníamos la última comida a las 17 hs, un té con 2 medias frutas. Ya sé, debés estar pensando esto es una locura, una cárcel o una secta, pero jamás tuve hambre, ni un poquito. Es cierto que, al darte cuenta de esto al día siguiente, querés comerte todo en el desayuno de las 6:30 a.m. o el almuerzo a las 11 a.m. (y la última comida copiosa). Pero todo está perfectamente organizado y no te falta nada, y si te das un atracón después no puedes hacer nada, ni moverte, ni meditar (lo digo por experiencia).

El “Gong” (instrumento de percusión originario de Asia) sonaba a las 4 a.m. y a las 4:30 a.m. teníamos que estar en la sala de meditación hasta las 6:30 a.m. A esa hora llegaba el alivio a las tripas, un desayuno buffet copioso. Todas las comidas eran buffet donde cada cual debía hacer la cola y servirse, al mejor estilo campamento, y de más está decirles que todo era muy saludable y vegetariano.

Recuerda que les conté que nadie podía hablar no?

Todo estaba escrito y el sonido del Gong marcaba el ritmo del centro, los horarios de comida, de meditación, de descanso, de aseo. Pero lo que no estaba escrito es cuánto había que ponerse en el plato y si las primeras se comían todo, o lo más rico, no quedaba para las demás. Ahí está la importancia de no tener miedo a pasar hambre, dejar la gula de lado y compartir, no ser egoísta, respetar, pensar en todos, cosas que el centro va enseñando sin la necesidad de hablar ni mucho menos alterarse. Las porciones eran perfectas para cada una. Volví con un kilo menos, no les voy a mentir, pero juro no haber pasado hambre, simplemente aprender cuándo y qué comer.

Con este tipo de comida (deliciosa para mí) se pretende desintoxicar el cuerpo para desintoxicar la mente, de lo contrario el cuerpo solo está digiriendo comidas ultra pesadas y no puede pensar, ni enfocar la mente (esta sabiduría aplica para ser aprovechado en el día a día a día).

Bueno, sigo contando la experiencia. Lo chistoso era cómo todas íbamos mirando el suelo, porque de haberlo hecho a los ojos, terminaríamos hablando de lo que sea. A los 3 días me vino, algo que no tenía previsto porque había menstruado hacía unos días atrás, así que no había llevado nada para ponerme ¿Y ahora qué hago si no puedo hablar? ¿Alguna de las 28 mujeres que dormíamos en el mismo cuarto podría ayudarme? No, no se puede hablar entre compañeras y la regla es estricta.

Voy al cuarto de supervisores y servidores, toco la campana, hago mímicas ahí abajo intentando hacerme entender. “Me vino”, largué esas 2 palabras y me callé. Enseguida me trajeron un paquete de toallitas.

Otra anécdota con el habla, es que el primer día perdí el único buzo que llevaba. Hizo un frío esos días que no puedo explicar. Pero no podía hacer mucho, así que me abrigaba con las mantas de la cama. El último día “¿de quién es este buzo?” Pregunta una compañera. Mío!! Pero la recompensa fue mayor. Me regaló otro que ya no usaba…

Me topo con una tarántula ¿Qué hago? ¿Advierto a mis compañeras? Me topo con una serpiente coral, esas coloridas (ni idea si venenosa o falsa, da igual, impactan). ¿Grito? ¿Llamo a los supervisores? Me topo con una serpiente gorda y larga a punto de morfase su presa. Ahora sí que tengo que avisarle a alguien, pienso. No, no Todo toma su curso natural. Ellas se van y yo hago como si nada pasara, aunque mi corazón estuvo a punto de estallar. Estamos en el medio de su hábitat y se puede convivir pacíficamente.

FUNCIONAMIENTO DE UN CURSO VIPASSANA

Esta meditación Vipassana, que consiste en observar tu cuerpo y tu mente, muy distintas a meditaciones guiadas que había practicado (aunque nunca he sido de prácticas regulares), es impartida siempre por el mismo profesor: S.N. Goenka, un birmano considerado el principal maestro, aunque dentro de la sala de meditación asiste otro profesor auxiliar, quien reproduce las cintas (las enseñanzas de Goenka están todas grabadas) y responde preguntas.

Como no se puede hablar ni mucho menos hacer debates en la sala, cada persona que tenga una pregunta se anota en un papel y al horario asignado entra solo con el profesor, pero debes ser claro y conciso porque tienes solo 5 minutos (esto no es una terapia con el psicólogo).

Las reglas son estrictas, sin embargo, es por el bien de cada uno, pues tienen como objetivo principal que nada te distraiga y puedas realmente conectarte y enfocarte en aprender la técnica. Por ejemplo, si cada uno contara lo que está experimentando, por ejemplo, que un compañero te dijera “tengo burbujas por todo el pecho”, y vos no sentías nada de todo esto, puedes pensar que lo estás haciendo mal, sentirte frustrado, y no debería ser así, pues cada uno tiene “su” propia experiencia.

HORARIO Y ACTIVIDADES

Les comparto las actividades y horarios, al menos en el centro que participé, y supongo que es igual en todos los cursos, aunque esta chica que ya lo había hecho en Tailandia, nos contó que eran un poco diferentes las actividades:

4 a.m. Suena el Gong ¡A levantarse!  
4:30 – 6:30 Meditación en la habitación o en la sala (si lo hacía en mi habitación me quedaba dormida así que siempre en la sala).
6:30 – 7 A desayunar!
7 – 8 Descanso
9 – 9 Meditación en grupo en la sala
9 – 11 Meditación en la sala o en la habitación según instrucciones del profesor.
11 – 12 Almuerzo
12 – 13 Descanso y entrevistas con el profesor
13 – 14:30 Meditación en la sala o en la habitación
14:30 – 15:30 Meditación en grupo en la sala
15:30 – 17 Meditación en la sala o en la habitación según instrucciones del profesor.
17 – 18 Hora del té
18 – 19 Meditación en grupo en la sala
19 – 20:15 Discurso del profesor en la sala
20:15 – 21 Meditación en grupo en la sala
21 – 21:30 Preguntas y respuestas en la sala
21:30 Se apagan las luces y a dormir!

El curso de meditación Vipassana tiene 2 partes bien diferenciadas:

  • Anapana: son los 3 primeros días donde lo único que hacés es contemplar tu respiración, sin intentar modificar nada. Estos no son ejercicios de respiración o pranayamas como en yoga. Notar cómo respiras, cómo ingresa el aire, cómo sale, si es por la narina izquierda o derecha, si es cortita, si es rápida, si es caliente, es lo único que hacés en 3 días. El objetivo es agudizar la consciencia para la segunda parte.
  • Vipassana: a partir del cuarto día te explican la meditación, se deja de hacer Anapana y se practica el Vipassana puro el resto del curso, que consiste, en resumen, en recorrer de pies a cabeza y de cabeza a pies las sensaciones de tu cuerpo, observándolas, sin juzgar para que observes lo impermanente que es, y que conozcas de manera práctica la naturaleza cambiante del cuerpo y la mente, y así experimentar las verdades universales.

DATOS QUE DEBES CONOCER!

  • Si es tu primera vez, la meditación Vipassana se enseña en cursos de 10 días. Luego ya puedes acceder a cursos cortos.
  • Son gratis. Una vez termines tu primer curso de 10 días puedes hacer una donación (inmediatamente después del curso, o cuando desees).
  • En el curso te dan alojamiento y comida. Por eso es importante tu donación, para que otras personas puedan también asistir y aprender la técnica. Los centro se sustentan de estas dádivas (si tienes algún negocio también puedes ofrecerles cosas para elaborar las comidas o de higiene personal).
  • Se dictan cursos alrededor del mundo.
  • Los centros de meditación Vipassana están apartados de la ciudad y tienen 3 áreas bien diferenciadas: dormitorios, comedor y sala de meditación. Hombres y mujeres en zonas separadas.
  • Mantener el “Silencio Noble” es evitar cualquier tipo de comunicación ya sea hablada, escrita o por gestos. Está prohibido.
  • Tampoco se puede realizar ningún ejercicio físico, incluid yoga, aunque sí se puede caminar y estirar.
  • No se puede leer, escribir o escuchar música.
  • Se debe usar ropa modesta y cómoda. Nada de cosas atrevidas o sin mangas, todo debe cubrir los hombros.
  • Aconsejan quedarte el curso completo, pero si sientes que no es tu lugar puedes retirarte, por ejemplo, en mi curso 2 chicas se fueron antes del tercer día.
  • Después de terminar un curso de 10 días, puedes ser voluntario y servir (la comida es preparada por antiguos alumnos). Es una forma de devolver todo lo que te han dado mientras vos hacías el curso. Donando tu tiempo estás haciendo posible que otro alumno pueda aprender la técnica. De eso se trata el Vipassana también

ASPECTOS FINALES

Para concluir, nos esperes conseguir la iluminación y las respuestas a todo, después del curso, eso se consigue con mucha práctica y trabajo diario durante toda una vida. De hecho, no conseguí continuar con mi práctica diaria de meditación Vipassana como ellos proponían de mínimo una hora diaria, pero incorporé meditar aunque sea diez minutos al día y la experiencia fue súper impactante, dejándome enseñanzas, que hasta el día de hoy me han servido para el atravesar situaciones:

  • Entender que nada es permanente: ni un momento de tristeza como tampoco uno de felicidad, y pude de esta forma ser más objetiva sin imprimir dramatismos ni euforias.
  • Amor y agradecimiento por todas las cosas: por la naturaleza, por mí y el otro, por las situaciones y por lo que me rodea.
  • Comprender la movilidad y el movimiento de las cosas: y la naturaleza es la que más enseña, por ejemplo, en un mismo día puede hacer calor por la mañana y frío con lluvia por la tarde. Igual es mi cuerpo y mi mente.
  • Observar mis apegos y dejarlos ir.

¿Tendrías la experiencia de hacer un Vipassana?

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