InVIAJE AL INTERIOR

RITUAL DEL AJO: UNA TRADICIÓN MAPUCHE

ceremonias y rituales

Me dicen vamos a un ritual de…. y siempre (o casi) digo sí. Sin preguntar mucho porque la curiosidad me gana, ni tampoco se me ocurre buscar información, más bien dejo que la vida me sorprenda (¡así es como muchas veces me pego una desilusión!). En un hostel de Puerto Morelos, México, unas mujeres partían a un Ritual del Ajo. “¿Vamos?” Me dicen. “Es sólo para mujeres” “Necesitamos llevar un ajo cada una”.

Y fuimos tres mujeres a la selva, con el ajo bajo el brazo y la expresión de Lucho confundido “¿Dónde vas? ¿Pero si no te gusta el ajo? ¿Te lo vas a comer?” “No sé amor! ¡Pero me voy a aprender sobre esta cosa!”, le respondo apurada porque me esperaban para irnos.

P/d: la foto no es del ritual del ajo, sino de un encuentro de musicoterapia con cuencos tibetanos. Lo aclaro porque los instrumentos de la foto son de tradiciones hinduistas y no mapuches.

Antes de continuar me gustaría advertirte algo para que puedas elegir si seguir leyendo o no: hablaremos de sexo, de penetración, de traumas, de sanación y de círculos de mujeres.

Llegamos tarde, ya habían comenzado con los cánticos y en puntitas de pie nos acomodamos en el círculo junto a dos docenas de mujeres. Paulina, a quien llamaban mujer medicina y danzante de la luna (¿?), era la encargada de guiar este ritual de sabiduría antigua, de “Mujeres a Mujeres”.

“Comete un ajo nena para levantar las defensas”, me decía mi abuela, pero nunca nadie me había contado que se podía introducir en otras partes. Sabía que era un antibiótico natural, anticancerígeno y todas las propiedades medicinales que se le otorgan, pero nada más. En muchas casas vi trenzas completas de ajo (ristras) para espantar malos espíritus, pero aquí el uso del ajo era para sanar energías sexuales, que no tiene nada que ver con virginidad, ni con tener una pareja única, sino en cómo nos vinculamos con el sexo, que no solo es la penetración en sí.

Nos explicó Paulina, que hemos separado el sexo del amor, manteniendo relaciones basadas en dolores y traumas infantiles, no maduras ni integradas por todo el ser. Por lo cual es necesario sanar, para disfrutar de una sexualidad sagrada.

Después de los cánticos y ponerle una intención al ajo, lo cual no supe muy bien hacer porque no estaba segura de qué hacía ahí, con un ajo en la mano y dedicándole unas palabras, nos hablaron un poco más acerca de esa sanación que dura 3 meses y en el cual no se pueden tener relaciones sexuales, es decir, se comparte amor, pero no puede haber penetración, ni intercambio de fluidos (ni siquiera besos apasionados) por lo que, si estás en pareja, te recomiendo que sea una decisión tomada de común acuerdo!

De hecho, si él lo desea, también podrá experimentar la sanación con vos, comiendo su ajo. Estos 3 meses serán momento de observación, de abrazos, de auto-exploración, de recrear el romanticismo con nuestra pareja y de la conquista mutua. Pero nada de sexo!

Después de escuchar a las otras mujeres bendiciendo su ajo y contando sus experiencias, entendí que ellas se juntaban cada Luna Nueva, durante 3 meses consecutivos para sostenerse, contar su proceso y sacarse las dudas. Para algunas era su primera vez, para otras su segunda, y para muchas su tercera y última vez.

Y entonces ¿qué hacemos con el ajo?

– Se introduce en la vagina (si está menstruando se ingiere), y en el caso del hombre si desea sanar y acompañar a su mujer, también se lo traga.

– Antes de colocarlo se pela, se corta la parte cuadrada y áspera a mano, se hace una cruz con la uña en la puntita y se introduce (la punta y cruz hacia dentro), lo más profundo que puedas, moviéndolo con naturalidad, hasta que lo sientas cómodo (algo así como la copa menstrual o un tampón caso de quien use).

– El ajo debe caer solo. Estará el tiempo que lo necesites. Al caer se entierra en tu patio o maceta con la intención de que la tierra lo transmute todo.

– Tienes que usar un ajo distinto para cada luna, si llegaste con él a la siguiente, lo sacas, lo entierras y usas otro nuevo.

– Si hay mujeres que van al rezo y deciden no usarlo, lo entregan a la madre tierra.

Fue mi caso, sentí que no quería hacerlo en aquel momento, pero me sirvió para tener la información y observar como actúo en intimidad. Conozco ahora otra forma de sanar mi sexualidad y cuando me sienta lista tal vez haga el proceso consciente. Así que llegué a la Kombi, hice un huequito en la tierra y lo enterré para evitar cualquier cosa rara con ocurra con el ajo dentro de Blanquita si no cumplía con lo encomendado.

¿En qué consiste el ritual?

Se realiza durante 3 lunas nuevas consecutivas, es decir, una vez por mes, durante 3 meses. Puedes participar del ritual junto a otras mujeres la primera vez, donde cuentan y explican todo, y hacerlo las próximas 2 veces sola, en tu casa (aunque está bueno poder sacarte las dudas y estar acompañada durante todo el proceso).

En cada luna nueva, tenemos 3 días para colocarnos el ajo y hacer el ritual que consiste en armar un altar, bendecir el ajo haciendo 3 cruces en el aire delante de un sahumador, ponerle una intención y terminado el rezo, entregar al diente de ajo 3 alientos de vida (soplidos) representando la energía femenina, y 3 soplidos que es la energía masculina. Y finalmente, colocárselo.

¿Qué sana el ajo?

1.- El primer ajo que te colocas sana las energías que deja en tu interior tu pareja actual o la última pareja.

2.- El segundo ajo las energías que tu pareja te transmite de sus parejas anteriores. Su linaje, encuentros de baja vibración, abusos, vidas presentas y pasadas.

3.- Y el tercer ajo ya es tu propia sanación, de las parejas que vos has tenido a lo largo de tu vida y todo tu linaje.

Paulina nos confesó que cada pareja que conocemos une su energía a nosotras por 7 años, y que cuando lo elegimos también elegimos la impronta sexual de todas sus parejas sexuales, la impronta sexual de su linaje. Y que después de 7 años las células del ser se renuevan totalmente.

Me quedé sorprendida, la verdad nunca supe que cada vez que hacía el amor con alguien me estaba tragando todas sus energías y sus conflictos. Ya bastante tengo con los míos, pensé, pero ahora con toda esta nueva información será distinto. No es que no haré el amor nunca más (pobre Lucho!), tal vez aproveche el momento en que no estemos juntos durante un tiempo, para probar, sanar relaciones pasadas y ayudar a muchas mujeres. Porque antes de aconsejarlo, me gusta experimentarlo (primero soy el conejito de india). No me gusta hablar sin antes transitar el proceso, por lo que este relato fue sólo volcar la información con lo aprendido esa noche, con esas mujeres en faldas largas.

En este link les voy compartiendo todo el proceso interior, el “viaje interior” como lo llamo, que significó para mí el vivir viajando. Y si querés ver más del día a día puedes hacerlo en Instagram o Facebook!

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