InDIARIO DE VIAJE, PREGUNTAS FRECUENTES

¿Y NO TIENEN MIEDO?

Miedo a viajar

Este post va en respuesta a los mensajes y confesiones que nos han hecho en diferentes medios porque su sueño era armar la mochila, o la Kombi, o la moto para salir a viajar por el mundo, pero los paralizaba el miedo. Ojalá sea un empujoncito para quien lo necesite, o un salvoconducto para enfrentar cualquier miedo en la vida, porque la verdad es que todos los tenemos, de diferentes tipos. Y con esta revelación espero desidealizar la imagen de superhéroe que tienen de los viajeros, como si esta emoción no nos atravesara.

En nuestro caso los dos tenemos miedo a las alturas (a las montañas rusas, por ejemplo) y cuando aún vivíamos en una casa normal, con puertas y ventanas e íbamos a trabajar, cruzábamos un puente donde practicaban rapel y se tiraban en medio de una avenida colapsada de autos en San Pablo.

Lucho dice que la única forma de dejar de alimentar los miedos es enfrentarlos. Se decidió, y saltó. Yo no pude, me até del arnés, me puse el casco y cuando miré hacia abajo el susto fue más fuerte y desistí. Con esto les confieso que no es que uno enfrenta el miedo y es un semidiós de película que todo lo puede, porque a veces con enfrentarlo no es suficiente (hasta el día de hoy veo la gente tirarse del jumping y me da vértigo). Con esto tal vez desilusiono a muchos, pero la verdad es que los viajeros somos como cualquier persona, con miedos, prejuicios, fortalezas y debilidades.

Aquella vez que desafié las alturas fracasé, pero al menos lo intenté. Con el viaje no pasó igual. Enfrentamos los miedos de todo lo desconocido que nos podría suceder, pusimos primera, y aún hoy, después de tres años, seguimos viajando por elección. Pero puede pasarte como a mí con el rapel, querer bajarte antes de lo pensado.

A veces los miedos paralizan y nos dejan en el “me gustaría” o en el “intento de” o “voy a tratar de”. Pero para enfrentarlo, creemos que hay que “hacerlo”, y saber que el mundo no se viene abajo si después te arrepentís, te diste cuenta que no es lo que querés o simplemente no te apetece seguir. El mundo sigue su curso.

Entendemos que hay que aprender a lidiar con el fracaso al que tanto le esquivamos: “¿cómo me siento si regreso al mes de haber salido? ¡Al final todos tenían razón!” Pero hay una diferencia que potencia la confianza en vos mismo: lo hiciste, descubriste por tus propios medios los pros y los contras. Nadie te lo contó, lo viviste. Hay un dicho muy cierto y es que “si no vas, nunca lo sabrás”. Y hay otro que me gusta más: “El único que no se equivoca es el que no hace nada”.

Antes de continuar, como si fuera un juego, les pido que piensen y escriban lo primero que se le venga a la cabeza acerca de a qué le tienen miedo:

¿A no tener trabajo? ¿Miedo a que nadie te de empleo sólo por un día, una semana o un mes? ¿A quedarse sin dinero? ¿Miedo a lo desconocido? ¿A que no sea lo que esperabas? ¿Te da miedo extrañar? ¿O volar? ¿A que te roben? ¿Que te pase algo y estar lejos de casa?

Surgen muchas cosas de nuestro imaginario a la hora de pensarlos, pero es importante conocer cuál es tuyo y cuál de tu entorno que te llena de miedos antes de despegar. No digo que sea tarea fácil, a veces lo descubrís en el viaje mismo, lejos de cuchicheos que no hacen más que perturbar tu decisión (que ya está tomada) y terminás dándote cuenta de esto una vez en la ruta, es decir, cuando el primer miedo fue vencido, soltaste y tomaste las riendas de tu vida.

Les cuento que mis miedos aparecen en sueños/pesadillas y lo que tanto nos preguntan ¿y no tienen miedo? ¿y si los secuestran? ¿o si te violan? ¿y si te cortás un dedo en el medio de la nada? de repente no me dejan dormir. Les narro una anécdota. Bueno, mejor dos.

Cerca de San Cristóbal de las Casas nos aconsejaron no dormir al costado de la ruta porque es una zona peligrosa donde el ejército zapatista protege sus tierras sagradas a cualquier costo. Tienen sus propias leyes, distintas a las del resto de México (una semana atrás habían decapitado a 2 viajeros alemanes en bicicleta y nadie supo bien por qué). El motor de la Kombi calentó, no llegamos a destino, se hizo de noche y terminamos durmiendo solos sobre la ruta. El miedo apareció en una pesadilla nocturna que hasta el día de hoy recuerdo: un hombre corpulento de sangre latina destrozaba la Kombi con hachazos.

Y la otra fue una noche de fiesta religiosa en un pueblo, nosotros ya durmiendo, cuando dispararon al lado de Blanquita. Al día siguiente lo confirmamos al ver los casquillos de las balas. Tuve miedo, aunque entre dormida mi mente se liberaba entre si eran fuegos artificiales o una matanza a mano suelta.

Alrededores de San Cristóbal de las Casas, México
En San Cristóbal, la noche después de dormir con pesadillas, pudimos llegar al Arcotete y descansar tranquilos.
El miedo que sentimos con el chofer que conducía la traffic que nos llevó hasta Hidroeléctrica para llegar a a Machupichu fue descomunal. ¡Un suicida como conducía!

Con estas situaciones no quiero asustarlos, porque la verdad fueron muy pocas, contadas con una mano, y menos de las que nos han pasado quietos en Argentina o cuando vivíamos en Brasil, y se contrarrestan con la cantidad de cosas hermosas del camino. Nada de lo que enumero a continuación nos hubiese pasado si nos quedábamos en el mismo lugar de siempre:

Una mujer nos buscó por el pueblo para darnos dinero, muchas familias nos acogieron en su casa a cambio de nada, fuimos invitados a más restaurantes que en toda nuestra vida, una pareja nos regaló pasajes de México a Colombia para ir a su casamiento, un vendedor al costado de la ruta nos dio sandías, unos chicos se volvieron unos kilómetros para darnos torta y sándwiches de su cumpleaños, una finlandesa nos dio su casa frente al mar durante semanas…

¿Quieren que siga?

Un señor nos hizo una ducha para la Kombi, varios mecánicos le hicieron ajustes a la Kombi, una familia entera lloró porque no quería dejarnos ir, una mujer venía cada mañana a tocarnos la puerta y darnos el desayuno, muchas veces al llegar a las casetas de peajes ya estaba pago, y la lista seguiría como tantos días hemos viajado. El mundo y su gente es tan buena y generosa como puedas verlo.

Tinto en Filandia, Colombia
Me encontraron sola en la Kombi (Lucho había ido a buscar una ducha), me hicieron cerrarla e ir a un bar a probar la mejor “Caspiroleta” (tinto con pan adentro) con ellos!

Es “normal” que le tengamos miedo a lo desconocido, y tal vez, si me quedaba en la misma cajita, en el mismo pueblo donde nací, con el mismo trabajo, “supuestamente” nada hubiera pasado, literalmente. Ni bueno ni malo. Pero le tenía terror a saber qué pasaría las próximas semanas, meses o años, me parecía angustiante morir conociendo lo que iba a hacer el resto de mi vida. Intenté “ser normal” porque veía que muchos se llevaban bien con eso, pero el problema era que yo no. Nos han enseñado a entrar en este sistema sin chistar, pero quienes no lo hacemos nos cuesta encontrarle la vuelta y crear otros modelos (y no digo que el viajar sea la solución), pero ese sería tema para otro artículo, o más bien para hacer psicoanálisis.

Familia entera que lloró porque nos íbamos. Íbamos a pasar un solo día pero pasamos 4 y fue difícil tomar la decisión y seguir.

1.Enfrentar el miedo y ¡si querés viajar, viajá!

Salimos a viajar, nos pusimos de cara al miedo y éstos comenzaron a empequeñecer. A veces creamos un monstruo imaginando cosas que “pueden” llegar a pasar, como que en las fronteras pidan cosas absurdas, o que no alcance el dinero, o te roben, o se rompa la Kombi y sinceramente todo eso sucedió, pero como cualquier cosa de la vida, lo superamos. ¿Te asusta estar solo o lejos de tu país/entorno/familia? Créanme que nunca lo están, salvo que así lo deseen (y sino, salgan a viajar y no hará falta que me crean, lo experimentarán en su propia piel). No está la familia, vecinos, amigos, conocidos pero la gente de la ruta se convierte en una gran familia. Y el miedo que da lo lejano y desconocido (pensar en Alaska por ejemplo), se convierte en algo conocido y familiar cuando avanzas paso a paso.

En Popayán esta familia le pide por favor a un amigo que vayamos a su casa a compartir con sus hijos. Hasta el pastor de su iglesia llegó a darnos la bendición antes de irnos.

2.No contar demasiado

Encontramos una solución al miedo ajeno (ya bastante tenemos con los propios) y es no contar mucho antes de encarar nuevos proyectos. No es que estamos orgullosos, pero idealizamos demasiado las respuestas de los otros y nos parece muy sabio saber cuándo y con quién hablar. Además, si esos miedos ajenos y comentarios vienen del círculo más cercano, es más difícil que no nos afecte. Es contradictorio porque por un lado querés compartirlo a los 4 vientos con ellos, pero puede que la respuesta no sea la que esperábamos. El ¿de qué vas a vivir? ¿y si te enfermás? Y bueno miles de preguntas que ya comenté, y honestamente les confieso que nadie tiene la respuesta de todo antes de salir, lo que suena a “sos un/a inconsciente con lo que vas a hacer”.

Habíamos empezado un nuevo proyecto, ya después de tres años de viaje y cometí el error de compartirlo. Cuando conté muy entusiasmada que íbamos a hacer un libro alguien muy cercano me dijo y “¿hay que leerlo?”. Fue un puñal en el pecho que hirió la confianza en este nuevo desafío y me dieron ganas de mandarla a freír churros (por no decir malas palabras). Pero aprendí a callarme con ciertas personas, por más que la ansiedad me gane. Porque hacer algo diferente y encarar nuevos proyectos (irse a un viaje largo sin ticket de regreso, por ejemplo) saca de lo habitual a la mayoría, no saben qué decirte y pareciera que lo primero que se les ocurre es sabotearlo ¿vos estás loco/a?

No juzgo su actitud, los medios de comunicación bombardean con noticias de secuestros, violaciones y una ola de acontecimientos desagradables porque lo bueno no vende, nadie lo compra (así de morbosos somos los seres humanos, porque eso es lo que consumimos sin hacer una lectura detrás de eso que vemos). Por otro lado, en las redes se ven fotos tan bonitas de viajeros y el mundo idealizado, que ante la primera dificultad uno piensa “esto no es para mí” “todo me sale mal” “quién me mandó acá” “todos tenían razón” cuando la verdad es que nadie dijo que la vida del viajero no tiene dificultados, es otra de las tantas lecturas erróneas que hacemos. Y para realmente entender cualquier tipo de actividad o trabajo (incluyo el ser viajero) creo hay que experimentarlo, de lo contrario cometemos el error de quedarnos con lo superficial.

La gente nunca te deja solo y es mas generosa de lo que te puedas imaginar.

3.Confiá

Siento que a veces los miedos se enraízan cuando no confiamos en nosotros mismos, en que tenemos la capacidad de sortear los obstáculos por nuestros propios medios. O no confiar en la vida, en que todo lo que pasará, lo bueno y lo malo, será lo mejor y un gran paso para aprender. O no confiar en el otro y no querer soltar el control. Y algo muy cierto es que cuando aprendemos a vivir más livianos, en el día a día, sin tantos apegos, muchos miedos empiezan a evaporarse. No digo que sea tarea fácil y rápida (estamos demasiado acostumbrados a la inmediatez, ¡todo lo queremos ya!). Pero enfrentándolo, agarrando la mochila con la seguridad de que estás haciendo algo por tu vida, ya es un gran paso!

Tengo miedos y soy bastante insegura en muchas cosas, de hecho, las decisiones más importantes las tomó Lucho y yo lo seguí (como dejar el trabajo y comprar la Kombi). Agradezco que él tenga más confianza en sí mismo (aunque obvio, tendrá sus miedos) y haya tomado decisiones que se convirtieron en las más importantes de mi vida. Porque estoy convencida de que las cosas si tienen que pasar pasan, en la China o cruzando la calle de mi barrio, sin pedir permiso ni avisar. Y ni loca me quedo sin conocer la generosidad del mundo y lo bueno de viajar!!

Si quieren saber hasta dónde llegamos después de enfrentar los miedos hacé click aquí!

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2 Comments

  • agustina

    Hermoso artículo chicos! me sentí identificada en cada palabra. Al principio de iniciar un viaje suceden muchos miedos, y en el camino también. Pero a medida que todo va fluyendo, vamos entendiendo que todas las experiencias suceden por algo y tienen su aprendizaje. Muchas gracias por seguir animando!

    julio 14, 2020 at 4:59 pm Reply
    • Viajá y Reíte

      Gracias Agus por leernos y motivar a seguir compartiendo cada exeriencia y sentimiento que acompañe a otros en el camino!

      julio 15, 2020 at 10:50 am Reply

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