InDIARIO DE VIAJE, MÉXICO

PUEBLOS MÁGICOS MEXICANOS

Callecitas de Valladolid

México tiene un programa llamado “Pueblos Mágicos” desarrollado por la Secretaria de Turismo que nombra a ciertos pueblos y ciudades por el trabajo de proteger su riqueza cultural.

Escuchamos versiones de algunos acomodos para llegar a tener ese apelativo, pues esto realza el turismo y la fuente de ingresos, así que decidimos recorrer varios y sacar nuestras propias conclusiones. Más allá de eso que nos contaron y no nos gustó escuchar, al fin y al cabo, todos son pueblos pintorescos, cuidados y vale la pena visitarlos. A nuestro parecer los que han mantenido su autenticidad son aquellos menos conocidos, menos turísticos y esperamos que así perduren.

Actualmente son 121 y les contamos en la siguiente nota nuestra experiencia en aquellos que visitamos:

Estado de Quintana Ró

Bacalar…

A 40 kilómetros de Chetumal, pegadita a la frontera con Belice, está Bacalar. Así que apenas cruzamos a México, llegamos. Lo más lindo del lugar es la laguna de los 7 colores y tuvimos la suerte de tener un amigo con velero por esa zona. Navegamos y llegamos al “Canal de los Piratas” desde donde se ven perfectamente todas las tonalidades que van desde el celeste al azul. Ver el atardecer desde adentro, es un sueño que se los recomiendo a quien tenga la posibilidad. Un paraíso de postal.

Les dejo el blog de Rama, un amigo que viaja por el mundo, y te cuenta más sobre Bacalar!!

El día que navegamos no había mucho viento. Éramos muchos arriba del velero (lo que significaba mucho peso) así que nos estancamos un buen rato. Pero en el momento perfecto: el atardecer.

Tulum…

Me desilusionó. Había estado hace 8 años y atrás quedó el Tulum rústico y preservado. La vida nocturna, fiestas electrónicas y drogas han cambiado el aire del lugar y la naturaleza les está pasando factura. Montañas de sargazo, con olor hediondo y nauseabundo, se han apoderado de la playa. No sólo de las de Tulum, sino toda la rivera maya. Alejándose de la única playa pública tal vez la situación es otra, donde los dueños de hoteles son los encargados de limpiar y esconder ese sargazo. Pero todo está privatizado y tienes que tener suerte para que alguno te deje pasar y disfrutar ese paraíso caribeño. De todas formas, sigue teniendo aguas cristalinas de fotografía, pero la esencia de Tulum ha cambiado mucho en muy pocos años.

Caminamos mucho para llegar a la zona hotelera privatizada, pero limpia de sargazo y reconocí al Tulum de años atrás. Lamentablemente también llega es alga hedionda pero la limpian y la mandan”al patio trasero”.

Yucatán

Valladolid…

De miércoles a domingo, a las 21 horas proyectan un “video mapping” en la fachada del ex convento San Bernardino de Siena contando la historia de Valladolid. Dura 20 minutos, es al aire libre y gratis. Algo que le ha realzado el turismo nocturno del pueblo. Puedes disfrutar comiendo una chilindrina (chicharrón con aderezos y queso), un elote (choclo) o un esquite (granos de choclo con crema y queso) que venden en los carritos del zócalo.

Para apaciguar el calor de 40° del momento visitamos el cenote Zaci (30 mxn cada uno, aproximadamente usd 1,5), a pocas cuadras del centro. Disfrutamos del folclore mexicano a la gorra en el zócalo, paseamos por la Calzada de los Frailes y nos enamoramos de los detalles arquitectónicos coloniales y nos divertimos trabajando de meseros en un casamiento de filipinos.

Ex convento de San Bernardino de Siena onde proyectan el video mapping y también frente a donde pasamos varias noches.

Izamal…

Un pueblo amarillo. El calor agobiante no nos permitió quedarnos mucho tiempo ni recorrer tanto como nos hubiese gustado. Vimos un pueblo pintoresco del color del sol. Preguntamos por qué todas las casas son pintadas del mismo color amarillo y nos contaron que el gobierno les da esas pinturas (el porqué del color parece incierto entre los pobladores) para que las fachadas de las casas se mantengan pintorescas. Pero algo que nos llamó la atención, es que, al mirar hacia adentro de las casas, se vislumbran patios que parecen ser las mismas ruinas mayas. Si bien hay ruinas en el pueblo, entendimos que estos vestigios no están solo en el sitio arqueológico.

Parece que el color amarillo tiene algo que ver con la historia y la iglesia. Pero nadie está muy seguro de nada. Pero la iniciativa de las autoridades lo hacen visiblemente bello.

Puebla

Cholula…

A 15 kilómetros de la ciudad de Puebla de Zaragoza se encuentra este pueblo donde según dicen hay tantas iglesias como días tiene el año, así que puedes rezar los 365 días en diferentes lugares. Razón por la cual también hay muchas festividades religiosas y sus consecuentes bombas escandalosas que tiran desde las 5 a.m. hasta la medianoche, sonido que caracteriza a Cholula y que te si te agarra desprevenido te hace pegar un susto descomunal.

Íbamos a Cholula todos los fines de semana consecutivos durante un mes a vender en el Beer Garden, que nos permitía estacionar afuera (teníamos que pagar muchos gastos de repuestos y mecánicos en esa época). Pasamos el día de la independencia de México, el 16 de septiembre, su día festivo más importante junto con el día de muertos el 2 de noviembre (más importante aún que Navidad y Año Nuevo). Hubo jaripeo, un show que se da lugar en un área circular rodeada de gradas, donde los jinetes realizan actividades y destrezas arriba de caballos y los espectadores disfrutan. No presenciamos el show, pero a lo lejos escuchamos la banda tradicional en vivo que acompaña el jaripeo.

La “Gran Pirámide” vista desde afuera. Es el sitio arqueológico con el basamento piramidal más grande del mundo.

Atlixco…

Conocida por el cultivo de las flores, este pintoresco pueblo ubicado a las faldas del Popocatepétl a 30 kilómetros de Puebla, nos cautivó. Mas por lo que sucedió con la gente del lugar (que se lo contamos en esta nota), que nos ayudó a recorrerla de punta a punta. Nos invitaron a un tour en carritos de golf, conocimos un poquito de la Villa Iluminada, el zócalo, el barrio Cabrera (el barrio de las flores), el cerro San Miguel, comimos tlacoyos, mole y cemitas y participamos de la fiesta del año: La Huey “Atlixcayotl”, una celebración de la cultura poblana que se celebra en septiembre en la plazuela de la danza.

Blanquita paseándose por calles floridas.

Nos fuimos para la Sierra Norte de Puebla, también conocida como la Huasteca Poblana y estos son los pueblos mágicos que conocimos:

Chignahuapan…

Solo tomamos unos mates en el zócalo por la mañana y recorrimos locales conocidos por la tradición de elaborar esferas navideñas artesanales. De todo tipo: grandes, chicas, coloridas, de vidrio, madera y todas las que te puedas imaginar.

Zacatlán de las Manzanas…

Pasamos de casualidad porque una chica nos escribió por Facebook para una clase de yoga. Nos recibió con té de canela y el famoso pan de Zacatlán, rellena con requesón. Ellos nos contaron un poco más sobre los nombramientos de los pueblos mágicos y las trampas para tener el título, según contactos que tengas en el poder. Nos decepcionó tener esta información, pero igual vimos un pueblo lindo, con un reloj de flores en el centro de la plaza, calles cuidadas y coloniales.

Luego seguimos rumbo al Valle de Piedras encimadas para acampar y pasar la noche.

Cuetzalan del Progreso…

La gente es chaparrita, como dicen por allí, de baja estatura y hablan en Náhuatl, su lengua originaria. El lugar es un paraíso fotográfico, hay mucho para ver y contar. Uno de los pocos pueblos con cultura tan arraigada y bien conservada, a 180 kilómetros de la ciudad de Puebla, pero varias horas de viaje porque el camino es montañoso.

Los hombres usan “huaraches“, sandalias hechas con tiras largas de cuero. Las mujeres a veces y otras veces descalzas. La vestimenta es blanca y la mantienen impecable a pesar de la lluvia que a toda hora parece amenazar.

Los sitios verdes para acampar son privatizados, y no te dejan ir solo en la kombi. Tienes que ir con un guía. Nos sacamos la idea de acampar en la Poza de la Pata, grutas o cascadas y nos fuimos para Yohualichan, una zona arqueológica, a 8 kilómetros y pudimos dormir en la cancha de básquet del pueblo.

El tianguis del domingo es muy característico, al aire libre sobre las calles adoquinadas. También vale la pena visitar la famosa Iglesia de los Jarritos. Y si tienes suerte y no llueve (algo normal porque es un lugar de lluvia y sol) los voladores de Cuetzalan harán su ritual que se asocia a la fertilidad, sobre el palo de un árbol de 30 metros de alto, con su vestimenta blanca y roja que hace referencia al plumaje de las aves, quienes descenderán del palo, atados a sus pies.

Los hombres “pájaros”, los voladores, trepan los 30 metros del tronco, se colocan en los 4 puntos cardinales y descienden atados desde sus tobillos, cabeza abajo, en una danza prehispánica.

Todo Cuetzalan para estar serpenteado en la montaña, así que preparen la kombi para subir y bajar laderas. Y sus piernas también.

Iglesia de los “jarritos”, una construcción neogótica, famosa porque en la torre se encuentra llena de jarros. Para llegar debes atravesar un cementerio!

Estado de México

Tepoztlán…

A este pueblo nos lo recomendaron, junto con Amatlán, por la energía del lugar pues dicen que reencarnó el Dios Quetzalcóatl. Le quitaron varias veces el título de pueblo mágico por la cantidad de alcohol que vendían en la calle (supongo a modo de castigo para el pueblo). Pero se lo volvieron a dar, como si el nombre atrajera más turismo. Llegar a Tepo fin de semana es símbolo de multitud por la Avenida Tepozteca, la principal. Como queda cerca de la Ciudad de México, 80 kilómetros, es el sitio elegido para pasar unos días de relax en el medio de la montaña. Lo bueno es que pudimos vender, y en la semana, con menos multitud, subimos el cerro “Tepozteco” pagando $55 mxc cada uno. A la bajada aprovechamos y comimos Itacates, un triángulo amarillo de harina de maíz relleno de queso y crema.

En Tepoztlán no hay muchos lugares públicos donde dormir, pero nos recibió Óscar, el papá de una chica que conocimos en Playa del Carmen. Y luego nos movimos a Amatlán, a 8 kilómetros de Tepo, donde pudimos acampar en las pozas durante varios días, al lado del río, debajo de ciruelos que comimos hasta saciarnos.

Itacates! La infaltable harina de maíz en los platos de los mexicanos… Esta vez en forma de triángulos!

Tabasco

Tapijulapa…

Queda enclavada en el medio de la sierra y en el medio de la nada. Quisimos acortar el camino que va desde Villa Hermosa a San Cristóbal de las Casas, y de paso conocer un nuevo Pueblo Mágico, pero llegamos a Tapijulpa y para continuar debíamos atravesar casi 160 kilómetros de ripio. Así que nos devolvimos los 80 kilómetros hasta Villa Hermosa y dimos una vuelta gigante para llegar por ruta asfaltada a San Cristóbal.

Pero valió la pena conocerlo, dormir tranquilos en el zócalo (como llaman a las plazas de México), caminar por puentes y senderos al lado de un río tan verde como los enormes árboles alrededor.

Despertando en Tapijulapa estrenando techo elevable, aún sin tela, o sea que cualquiera podía meter la mano. Pero el pueblo es calmo y seguro, así que dormimos con techo abierto!
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